«Recuperar el entorno rural ayudará a que se creen empleos y a que se produzcan alimentos de proximidad a precios más razonables»

OCTAVIO VILLA

Yves Champetier (Ardeche, Francia, 1950) fue el director del Observatorio Europeo del LEADER de 1992 a 2001, y en 2003 y 2004 trabajó en iniciativas del Banco Interamericano de Desarrollo en Latinoamérica para ahondar en el desarrollo rural en zonas empobrecidas del subcontinente, así como con el Gobierno autonómico andaluz en el establecimiento de un órgano de cooperación con Latinoamérica para el desarrollo rural. Buen conocedor de Asturias y de sus desafíos demográficos, Champetier advierte de que la nueva realidad tras lo peor de la COVID requiere acciones conjuntas público-privadas y con una visión integral de las zonas rurales.

–El reto demográfico ya era grave antes de la COVID. ¿Cómo afrontar el futuro, que ya era difícil, en las zonas rurales?
–Estamos en una crisis muy honda. Hay que estar al lado de quienes quieren innovar, lo interesante es que a nivel europeo exista la idea de que hay que fomentar estas cosas. Hay gente como Jaime Izquierdo (comisionado del Principado para el reto demográfico) que están indagando cómo fomentar las riquezas naturales y culturales y estar abiertos al mundo. Hay muchas iniciativas individuales y colectivas en ese terreno. Se debe coordinar todo eso para que no sean iniciativas aisladas y hacerlas funcionar mejor, poniendo en una mesa a la Administración local, los empresarios, los ciudadanos y hacer funcionar las propuestas en conjunto, dando estructura a la sociedad. La política de subvención es válida solo en el corto plazo, pero para hacerlo bien hay que pensar en la estructura social, no proyecto por proyecto. Es fundamental tener claro qué ideas son complementarias con qué ideas.

–No falta quien propone el campo como la solución, con teletrabajo en un entorno amable y una vida más relajada.
–En pocas semanas hemos descubierto que hay cosas que se pueden hacer de otra manera, en muchos casos por obligación. Hemos visto cosas positivas, como la capacidad de quedarse en casa y relacionarse en red. Se gana tiempo para uno. Es complejo, pero también da más equilibrio a la vida familiar. Pero no creo que se vaya a pasar al 100%, sino que se va a buscar un cierto equilibrio. Se puede vivir en el campo y tener una habitación en la ciudad para cuando es necesario, y puede que eso lo veamos en 15 años.

La agenda rural

–Para que el habitante de la ciudad viva en el campo tiene que haber fuertes incentivos, además de servicios sanitarios, internet de última generación, vida cultural…
–Este es el tema. Es la agenda rural. Una cosa es el LEADER, pero hay que tener una política más rural, de vivienda, de empleo, ajustando lo que se necesita para que las zonas rurales puedan tener el nivel de calidad de servicios de la zona urbana. En salud, la telemedicina puede solventar problemas, pero es necesario tener un médico interlocutor presencial. El futuro son las ‘smart villages’ o ‘aldeas modelo’ en Asturias, con tecnología e innovación social, que pasa también por iniciativas comunitarias de los ciudadanos, con el apoyo de la Administración y los medios de comunicación.

–El LEADER afronta su quinta etapa, con un enfoque territorial, de abajo arriba y multisectorial. ¿Tenemos que repensar completamente la estructura social y productiva de la zona rural?
–El plan financiero es importante para ayudar a solventar estos problemas. El LEADER debería ser únicamente una herramienta de innovación, no tanto de acceso a la tierra. Debería ser el capital riesgo del territorio, que ayuda a inventar cosas, y luego tener otras políticas para seguir implantándolas. El LEADER debe liderar, aunque no es fácil, porque no hay tantas posibilidades financieras. Una parte significativa, al menos, debe ser para cosas que no habíamos pensado, pero que aparecen por obra de innovadores interesantes.


–En Asturias es habitual el esquema de que el hijo mayor se queda con la explotación ganadera o agraria, mientras el resto estudian o se buscan trabajo en la ciudad.
–Falta formación en el campo. Actualmente, este esquema no funciona. Por una parte, o no hay nadie que quiere quedarse, o el que quiere quedarse es uno que ha estudiado mucho, al menos es lo que ocurre en Francia, y en otros muchos países europeos, con el sistema de formación agrario que aplican. Se estudia manejo de ganado, uso combinado de bosque y tierra, agricultura ecológica… Los jóvenes que se quieren quedar tienen esa preocupación de formarse mucho más. De otra forma, sin formación, habrá muchas explotaciones que desaparezcan

–Una de las cosas que hemos aprendido en los últimos 28 con los programas LEADER es que muchos los ven solo como subvenciones, a veces para proyectos poco viables.
–Es un problema cuando se pone una política para ayudar a la innovación y luego se ve así, eso da lugar a la normalización de esa imagen. Hay tantos proyectos banales entre otras muy interesantes. El riesgo está ahí cuando se institucionaliza tanto. Es siempre una pelea. Pero LEADER tiene que seguir al lado de los que están creando futuro, es un trabajo con todo el mundo, no solo a nivel local. Es complejo, porque existe el riesgo de generar demasiadas complicaciones administrativas. Cada cinco años miramos cómo hacer para compensar riesgo con agilidad. La innovación y el riesgo están muy aislados de las preocupaciones de la administración.
Los locos felices

–En el campo asturiano se suele poner como ejemplo de buen hacer al sector primario y agroalimentario francés. ¿Nos equivocamos? ¿Qué debemos copiar?
–No hay un modelo francés, sino muchos. La agricultura productiva no se corresponde con el tipo de territorio de Asturias. En las de sierra y montaña, desde hace muchos años hay gente que trata de reinventarse, al principio con muy poco apoyo institucional. Ahora hay una voluntad política clara a favor de esto. Entre Francia y España la diferencia es que hace años hubo un éxodo urbano muy positivo hacia zonas como la Asturias rural. Los que se iban a esas zonas de montaña y de valles parecían locos, y muchos se han marchado de allí, pero los que se han quedado han hecho cosas como producción de calidad, cooperativas de quesos muy diversificadas y gente teletrabajando con otras partes de Francia o del mundo. Eso no quiere decir que a nivel demográfico sea muy importante, pero sí que ha cambiado que la estructura social se ha rejuvenecido y que hay relevo demográfico, se han vuelto a abrir escuelas, se han recuperado los transportes públicos y poco a poco se retoman servicios que hacen cada vez más atractivas las zonas. Y con los servicios que no podemos cubrir aún, se toman iniciativas alternativas, como las ‘casas de médico’ que se pagan entre todos. Se trata de recuperar la estructura social y que haya una voluntad local, a nivel ciudadano como comunidad. Que haya ideas y se pongan en común, con corresponsabilidad con la Administración.

–En el caso de Asturias, tenemos un patrimonio histórico y cultural que abarca desde los neandertales a la actualidad, con claros ejemplos de cada etapa, si bien con un escaso desarrollo turístico.
–Es difícil encontrar el equilibrio económico con la promoción de estos atractivos. Cómo se la hace funcionar. Para ello es necesario iniciativas ciudadanas que lo hagan arrancar y funcionar de una forma nueva y atractiva, no tanto siguiendo el modelo clásico. La respuesta no siempre es fácil. Hay que restaurar, con fondos públicos, pero se puede hacer funcionar como una empresa clásica. El patrimonio que nos queda de la historia es una maravilla y hay que valorizarlo con iniciativas ciudadanas locales, porque eso, además, las comunidades pueden vivir de eso.
Un campo más productivo

–Hay un aspecto de la producción agroalimentaria europea que supone una desventaja competitiva: los precios. Tanto por los sueldos europeos como por las garantías sanitarias que se piden a nuestros productores.
–Si imponemos criterios de calidad y medioambientales, nos encontramos con que hoy hay muchas posibilidades para desarrollar la alimentación local, que tiene muchas ventajas, pero también es cierto que es más cara que otros productos importados. A pesar de eso, creo que hay márgenes de maniobra para que cada región recupere su entorno rural, porque eso, además, ayudará a que se creen empleos y se produzca alimentos de proximidad a precios más razonables. En estos tres meses hubo mucho interés en la producción local, y una parte de ese interés ayudará a que se quede, pero también es cierto que muchos irán de nuevo a los supermercados a comprar productos importados más baratos. Espero que todo cambie a favor de las producciones de proximidad.

–Los grupos de acción local funcionan para estructurar el territorio. Esa es la teoría. ¿La práctica es así?
–Intervienen sobre el campo económico, no sobre todos los aspectos, como la vivienda. Es un trabajo muy positivo sobre los sectores productivos, pero a veces se encuentran con iniciativas que no son las clásicas de actuación. Podrían intervenir para ir más lejos en la agenda rural, para abrir otro esquema con una perspectiva más amplia. En todo caso están el Fondo Social o el Feder. Son todas herramientas que deben usarse en colaboración y con una visión más general. Sin olvidar el reto que supone el cambio climático, para pensar el futuro. Hoy se abre una nueva época tras este periodo de crisis, hacia un periodo de reinvención. Y yo soy optimista sobre la posibilidad de poner a todo el mundo a trabajar juntos para cambiar las cosas, hacia un futuro feliz, que no necesariamente es un futuro rico, pero con equilibrio vital, que es lo que busca mucha gente, la felicidad a través de una vida tranquila.

–Se ha hecho en Francia. ¿Cree que se podrá hacer en España?
–Es interesante hacer conocer este tipo de iniciativas. Hay gente que inventa cosas y hay un futuro muy diferente. La estructura de edad marca que seguirá la caída de población, pero hay que ir hacia un equilibrio nuevo que permita recuperar esos territorios que hoy están tan envejecidos.
La ‘segadora del paisaje’

–Es fundamental, también, para la conservación de la riqueza paisajística. Las zonas en las que la actividad agroganadera se abandona en regiones como Asturias se vuelven bosque salvaje en muy pocos años.
–Sí, en Francia lo llamamos la segadora del paisaje. Es tremendo, la gran dificultad que hay con este tema es que es muy compleja la recuperación de las tierras abandonadas. No es un problema fácil. Hay que encontrar las fórmulas jurídicas para hacerlo. Las ‘aldeas modelo’ deben ser experiencias de las que aprendamos rápido y podamos aplicar lo aprendido a todo el territorio. Es verdad que complejo encontrar nuevos campesinos, porque hay gente que tiene ganas de ir al campo, jóvenes que están interesados, pero sin formación, sin terreno y sin dinero. Hay que apoyarles desde grupos de actuación local con financiación de ciudadanos o municipios que alquilen la tierra o la financien. Poco a poco se verán las líneas de acción más interesantes y se podrán fomentar.