SERGIO DE LA HOZ. SOCIO Y ADMINISTRADOR DE KIKIRICOOP
«Cabranes se ha convertido en un polo atractivo para la gente joven, donde la vivienda es más asequible»
SORAYA PÉREZ
Sergio de la Hoz (Madrid, 1978) es socio y administrador de Kikiricoop Sociedad Cooperativa Asturiana, que fundó en Cabranes en 2016 junto con cuatro amigos. Esta entidad, galardonada por el Ministerio de Agricultura en 2022 con el primer premio a la excelencia a la innovación en diversificación de la actividad económica en el medio rural, se dedica al sector de la agroecología y de la economía social y solidaria. Elabora alimentos a partir de materias primas locales y busca aunar fuerzas para poder vivir en el campo y del campo. En una entrevista con EL COMERCIO, habla de las oportunidades y retos de vivir y emprender en el medio rural.
–Esta cooperativa nació hace 11 años con la idea de fomentar la vida en el campo. ¿Sigue siendo así?
–Sí, la idea sigue siendo la misma. Nosotros ya vivíamos aquí, en Cabranes, antes de montar este proyecto. La idea era tener un proyecto laboral relacionado con el lugar que habitamos. Pero es difícil sacar proyectos en el medio rural: hay menos servicios y algunas dificultades. La verdad es que no creo que haya cambiado mucho en los últimos años. Pero tenemos ganas y ponemos pasión a nuestro trabajo.
–¿Y qué es lo que hace exactamente Kikiricoop?
–Kikirikop nació en 2016 como la unión de dos proyectos que tienen en común la necesidad de una cocina para producir y transformar alimentos. Intentamos que esos alimentos sean, en la medida de lo posible, cercanos y relacionados con el territorio. Uno de los proyectos es un catering de eventos y colectividades y el otro es Asturcilla, una crema de avellanas al cacao. En el caso de Asturcilla, lo que tiene relación con Asturias son la leche y las avellanas. En el catering, algunos productos son locales. Damos comidas al colegio de Santa Eulalia de Cabranes, por ejemplo, y hacemos varias actividades durante el año.
–¿Qué os llevó a apostar por la agroecología como modelo productivo?
–Nosotros creemos y apostamos por una producción sostenible, ecológica y sana de alimentos. Ya éramos consumidores de productos ecológicos antes de montar esto. Entonces, si queríamos crear un proyecto empresarial relacionado con la alimentación, nos parecía coherente hacerlo desde la agroecología.
–Este proyecto resalta la calidad de los productos asturianos
–Sí. Parte de la idea era generar una economía propia en el entorno. Y si hay transformación de alimentos, queríamos aprovechar los alimentos que se producen en Asturias y en nuestro entorno. Las ciudades absorben recursos que se generan en el medio rural.
–¿Cree que existe relevo generacional suficiente en el medio rural?
–No, en absoluto. Hablo desde un lugar excepcional, porque Cabranes se ha convertido en un polo atractivo para gente joven. Se han generado redes de relaciones, actividades, centros sociales… el colegio tiene muchos más niños que antes. Pero Cabranes es una excepción dentro de Asturias. En general, en el campo asturiano no hay relevo generacional: la gente joven sigue marchándose y las aldeas cada vez tienen menos población.
–¿Qué cree que se necesita hoy endía para fijar población?
–Para fijar población necesitas empleo y servicios básicos. Aquí en Cabranes tenemos colegio, biblioteca, farmacia, polideportivo, bares-tienda… y eso ayuda a que venga gente. Pero en muchos sitios esos servicios han desaparecido. Sin ellos es muy difícil que la gente quiera quedarse. Además, el transporte es fundamental y en Asturias brilla por su ausencia. En cuanto sales de los núcleos principales necesitas coche para todo.
–La semana pasada realizaron una actividad. ¿En qué consistió y cuántas actividades hacen al año?
–Últimamente hacemos menos actividades divulgativas. Antes organizábamos más jornadas de agroecología y encuentros. La última actividad era más promocional: dar a conocer los productos de Asturcilla, Funginatur y el catering. Además, hacemos una visita mensual al bosque de Funginatur y a nuestras instalaciones, con degustación incluida. En verano tenemos más visitas.
–¿Nota un mayor interés social por consumir productos ecológicos y de proximidad o sigue siendo un mercado minoritario?
–Para mí sigue siendo bastante minoritario, al menos en Asturias. Quizá en Madrid o Cataluña hay más interés. Aquí hubo un crecimiento hace unos años, pero luego se estabilizó. Incluso cerraron algunas tiendas ecológicas. Lo ecológico todavía está ‘verde’ aquí. En nuestro caso, Asturcilla tira más por ser un producto asturiano o gourmet que por lo ecológico.
–Hablando de Asturcilla, ¿qué supone crear una marca desde el medio rural?
–Puedo decir que ha sido un aprendizaje enorme. Ninguno de nosotros venía del marketing o las ventas. Lo más difícil es transmitir los valores que hay detrás del proyecto. Con los años me he dado cuenta de que hacen falta profesionales para comunicar todo eso bien.
–¿Cuántas personas forman este proyecto actualmente?
–En Kikirikop somos tres socios y tres o cuatro trabajadores fijos, además de eventuales para el catering. En Funginatur son dos socios y otros dos trabajadores. En total, alrededor de una decena.
–Muchas veces se habla del campo solo desde los problemas. ¿Qué oportunidades cree que ofrece el medio rural?
–Ofrece un entorno más sano y seguro para vivir y criar hijos. Aquí mis hijos se mueven libremente desde pequeños y sé que los vecinos los cuidan. Eso en Madrid no lo viví. Además, la vivienda suele ser más accesible, aunque también tiene dificultades. El problema sigue siendo el transporte, los servicios y el empleo.
–Hablemos de fortalezas del medio rural
–A pesar de la escasez, yo pienso que la vivienda es una fortaleza importante. Porque es más asequible que en una ciudad o en lugares como Madrid. También la calidad de vida y la tranquilidad que te ofrece vivir en la zona rural
–¿Y deficiencias?
–Hay menos empleo y los servicios básicos muchas veces no son de calidad, entonces la gente termina marchándose. Necesitamos mejores servicios: sanidad, transporte, entre otros.
–¿Cómo afecta la burocracia a pequeños proyectos como el suyo?
–Personalmente dedico entre el 60 y el 70% de la jornada a tareas de gestión, y solo un 30% aproximadamente a producción. Parte de eso no es burocracia estricta, sino reuniones y gestiones propias de cualquier empresa. Pero sí hay una parte administrativa muy importante. En una empresa pequeña no hay personal dedicado específicamente a eso; tenemos que hacerlo nosotros mismos. Por ejemplo, acceder a subvenciones es un trabajo enorme. Muchas ayudas están pensadas para pequeños proyectos, pero el proceso burocrático para acceder a ellas es tan complejo que muchas veces no puedes dedicarle el tiempo necesario porque tienes que producir para vender. Las empresas grandes sí tienen departamentos administrativos que pueden hacerlo.
–En un contexto de cambio climático, ¿han notado transformaciones en la producción agraria o en la forma de trabajar?
–Sí, nos afecta de forma indirecta a través de los proveedores. Por ejemplo, compramos avellana ecológica en Cataluña y en los dos últimos años prácticamente no ha habido producción allí. Mucha gente perdió incluso los árboles por culpa de tres años de sequía y porque el cultivo allí es de regadío y no había agua suficiente.
–¿Y eso por qué sucede?
–Por la sequía. Tres años de sequía en Cataluña. Los avellanos no se podían regar y muchos árboles murieron.
–¿Y en Asturias pasa algo similar?
–De momento no. El clima aquí está más cálido, eso sí, pero todavía no nos ha afectado directamente en la producción de avellana asturiana. Aunque sí hemos tenido otros problemas: tanto la avellana como el cacao subieron muchísimo de precio. El cacao, por ejemplo, llegó a triplicar su precio debido a problemas climáticos en los países productores.
–A pesar de todas estas dificultades, ¿qué os sigue motivando para continuar apostando por este modelo de vida ligado al campo?
–Vivimos muy a gusto aquí. Para la crianza de los hijos es ideal: mis hijos van andando solos al colegio, a las actividades, a la plaza… Además, es un sitio tranquilo, bonito y con vivienda más asequible. Hemos pasado etapas económicas complicadas, pero si pagáramos alquileres como los de una gran ciudad sería inviable. Y respecto al proyecto, me sigue gustando lo que hago y sigo pensando que puedo vivir dignamente gracias a ello.
–¿Echa en falta más ayuda de la Administración?
–Sí. Muchas veces los políticos dicen que hay ayudas, pero acceder a ellas requiere muchísimo trabajo burocrático. Muchas ayudas están pensadas para pequeños proyectos, pero el propio proceso de solicitud te excluye porque no tienes tiempo ni recursos administrativos.
SU LUGAR ESPECIAL
Cabranes
El socio y administrador de la cooperativa Kikiricoop, Sergio de la Hoz, reivindica la calidad de vida que ofrece el medio rural. Aunque nació en Madrid, siempre tuvo claro que deseaba asentarse en la zona rural y escapar del ruido de la ciudad. En 2003 se mudó a Cabranes, donde actualmente reside con su mujer y sus hijos. Allí no sólo logró «sentirse un vecino más», sino emprender su proyecto empresarial con sus amigos. De la Hoz destaca, sobre todo, «la tranquilidad» con la que se vive en los pueblos. Además, añade que gracias a las oportunidades que ofrece Cabranes, se ha convertido en un polo atractivo para la gente joven y para todo aquel que quiera desarrollar proyectos de emprendimiento. «Cabranes lo tiene todo y como es pequeño tienes la ventaja de que conoces a todos los vecinos y todos los vecinos te conocen a ti», subraya.