Foto: El Castañón de la riega La Gojita, en San Esteban de Cuñaba, el primer Pueblo Ejemplar. / O. Villa
El ahijado del Rey. San Esteban de Cuñaba tiene la distinción de haber sido el primer Pueblo Ejemplar de Asturias, en 1990. Allí, el todavía príncipe Felipe de Borbón apadrinó a un pequeño de la localidad
OCTAVIO VILLA
Quienes lo recuerdan hablan de un despiste de quienes estaban al frente del protocolo. Era la primera visita del entonces Príncipe de Asturias y hoy Rey, Felipe VI, a un Pueblo Ejemplar. San Esteban de Cuñaba le recibía con entusiasmo tras ser el primer distinguido con este galardón que hoy suma ya 35 comunidades premiadas. Y alguien se acercó a él y le pidió, entre veras y bromas, que apadrinase a un pequeño del pueblo (no trascenderá el nombre).
Y en Peñamellera Baja cuentan que sí, que el príncipe lo hizo. Que no sólo se comprometió, sino que cumplió lo prometido y apadrinó a aquel pequeño. Que estuvo pendiente de él y que la Casa Real llegó a ocuparse de que estudiase una carrera universitaria. Hoy, el niño es un hombre con un futuro en la capital de España, pero vuelve periódicamente a San Esteban de Cuñaba, donde quedan familiares que recuerdan la historia con cariño. Aunque ninguno de ellos la menciona en público.
San Esteban merecía el galardón, sin duda. Por su paisanaje y por su paisaje. Son gente que te atrapa desde el primer momento, personas capaces de rendirle homenaje a un árbol, un castaño que «terminó su vida en el otoño del año 1994», conservando su tronco junto a la riega de La Gojita, con una placa en su honor que reza que «durante sus casi 400 años de existencia, ha sido testigo y protagonista de la historia de esta aldea y, más aún, su apreciado fruto, la castaña, ha sido el principal sustento de los pastores durante los largos inviernos. En agradecimiento por su generosidad, sus vecinos, en su nombre, en nombre de sus antepasados y en el de las decenas de generaciones que han disfrutado de su sombra, de su compañía y de sus cosechas levantan de nuevo el tronco inmortal del ‘Castañón de la riega La Gojita con el deseo de que nadie olvide nunca lo que los castaños han hecho por nosotros».
Olvidado durante milenios, en cambio, estuvo lo que hoy está saliendo a la luz en Suarias, en el extremo opuesto geográfico e histórico del concejo. La cueva de La Cerrosa, en Suarías, está desvelando en los últimos años al equipo de arqueólogos que lidera Alfonso Fanjul las evidencias de que hace unos 2.500 años, los habitantes de esta zona realizaban allí sacrificios humanos. Era la Edad de Hierro y faltaba poco para que Roma asomase sus legiones por esta tierra entre cántabros y astures, y esa historia está saliendo poco a poco a la luz de nuevo.
Porque Peñamellera Baja no es sólo el paso hacia la Liébana, Fuente Dé y Santo Toribio. Tiene las pinturas rupestres de la Cueva de La Loja, las preciosas ermitas de Espioña y San Juan de Ciliergo, la torre de Alevia (elevada a mediados del XX por los últimos indianos justo al lado de la capilla de San Antonio, de 1746, con una vista sobre el valle en que se asienta Panes casi tan espectacular como la que los hermanos Pou han difundido desde el Joracu de Cuñaba, un auténtico gran ojo del cielo.
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