RURAL SALUD. FENOLLEDA (CANDAMO) – 189 HABITANTES
Rural Salud. Es el aula de salud itinerante puesta en marcha por Eva L. Sánchez en el concejo de Candamo, en el que ofrece clases presenciales de pilates y sesiones online de nutrición

MARÍA JARDÓN

Veinte años lleva Eva L. Sánchez dedicándose a lo que le apasiona, ser profesora de pilates en todas sus modalidades y, casi los mismos, como Técnica Superior de Nutrición. Tanto ella como su compañero son madrileños, pero tenían ganas de vivir aquí y hace tres años se trasladaron a Asturias desde Extremadura. «Tenía un estudio físico de pilates con las consultas de nutrición también en población rural, en Hervás, pero allí la población está más concentrada, aquí está muy diseminada».

La pandemia fue lo que les dio el empujón final para mudarse a Fenolleda, parroquia del concejo de Candamo, «que está situada estratégicamente bien porque está cerca de las poblaciones grandes», afirma. Algo que le venía muy bien ya que su principal idea era volver a abrir un espacio físico en Avilés o en Oviedo. «No tenía prisa porque el trabajo estaba estabilizado con la vía digital», señala, y en ese proceso conoció a otras mujeres emprendedoras del sector servicios, «eran madres como yo, autónomas y a pesar de que estábamos en un momento complicado por la pandemia, me transmitieron que era posible». Pero el impulso final para comenzar con su proyecto se lo dieron las propias vecinas, «al enterarse de mi profesión me solicitaron que diera clases de pilates, yo seguía con mi idea de un estudio fijo, pero tuve que abrir un poco los ojos y las orejas, porque me estaban diciendo que lo hiciera aquí», relata. Fue entonces cuando presentó a los fondos Leader su proyecto de «aula de salud itinerante, que es lo que es Rural Salud».

Factor importante fue también que «el Principado de Asturias tiene una cultura de asociacionismo impresionante», esto hace que se creen asociaciones vecinales o de mujeres en poblaciones mínimas y «permite tener unos espacios que, aún siendo del Ayuntamiento, la gestión es totalmente autónoma», algo que le mostró que hacer la actividad era viable y, «además la población quiere».

Empezó dando charlas de nutrición gratuitas para la población rural y recuerda, con una sonrisa, que «la acogida fue sorprendente, pero con el pilates, más sorprendente todavía» y es que, en estos momentos, cuenta con 56 alumnos fijos en pilates presencial y el mes que viene prevé abrir un nuevo grupo en el Centro Social de Agones, algo que también le llama la atención. «Normalmente en pilates se comienzan los cursos en septiembre y se terminan en junio, pero llegamos al ámbito rural y ha cambiado todo, están dispuestos a hacerlo todo el año, e incluso, se están abriendo más grupos en mayo», dice sorprendida. Pero no es de extrañar, la población rural valora que «aquí el pan te llega a la puerta de casa, ¿por qué no van a llegar los servicios de salud?», resalta. «Por eso está funcionando, aunque a priori el proyecto parecía muy loco».

Aunque la mayoría de los alumnos son mujeres, «sorprende que en otros sitios donde he trabajado había pocos hombres, y los que había eran del ámbito deportivo, pero aquí hay bastantes». Y no sólo hombres, también jóvenes y adolescentes, «tiene un valor intergeneracional increíble», señala.

En estos momentos ofrece clases de pilates en Llamero y Ferreros, en la Asociación Santa Mariña; en San Román, en la Sociedad de Fomento; y en Santoseso, en el Centro Social. A corto plazo le gustaría aumentar el servicio de nutrición y realizar talleres de memoria para el sector de mayores. «El siguiente paso que tengo en mente es hacer un Centro de Formación Rural de Enseñanza», añade. «Hay un potencial de juventud que si no queremos que se vayan hay que darles alas y si realizan estas prácticas con sus vecinos, tendrán experiencia para adentrarse en el mundo laboral».