‘RENT A BIKE’ PEÑA RUEDA. SANTA MARINA (QUIRÓS) – 16 HABITANTES
Irene Álvarez ha hecho de todo: desde crear una empresa de licores hasta esquilar ovejas xaldas. La estabilidad le llegó con una licencia de taxi, pero el declive poblacional y el envejecimiento de Quirós han ido minando el negocio. La alternativa, el turismo deportivo. O lo que sea

OCTAVIO VILLA

Trabajar para vivir… en Quirós. Ese es el sueño de Irene Álvarez y su pareja, Honorio Barrio. La suya, la de Irene, es una historia de arraigo a la tierra. Ha hecho de casi todo. Puso en marcha con una compañera La Quirosana, una empresa de licores, miel y mermeladas que acabó siendo víctima de lo mismo que otras muchas: «La gente quiere calidad, sí, pero se cansa pronto del precio de la calidad». Luego, «estando embarazada de Tania», que hoy tiene 16 años, recibió la oferta para hacerse con una licencia municipal de taxi. Acostumbrada a las carreteras reviradas de Quirós, y en un momento en el que el concejo aún no estaba lo despoblado que está hoy, aceptó: «¿Quién dijo ‘miedo’?».

Además, complementó sus ingresos con otras actividades. Un ejemplo: mientras relata su peripecia vital al lado del cartel del negocio de alquiler de bicicletas que regenta, al fotógrafo se le va la mirada hacia un rebaño de ovejas que pastan al otro lado del río, bajo la carretera que sube a Villamarcel, en un prado tan inclinado que duda de si son ovejas o cabras: «Son ovejas xaldas –precisa Irene–, del dueño del restaurante Casa Jamallo, que organiza jornadas gastronómicas del corderu xaldo», dice, y a continuación sonríe, su mirada se pierde hacia los recuerdos y apunta: «No veas lo fastidiado que es esquilarlas, que yo lo hice unos años. Son pequeñinas, y te obligan a doblar mucho la espalda». A doblar el espinazo están acostumbrados ambos, de sol a sol, con el taxi o gestionando unas casas de turismo de otra propietaria en Buieda, junto a Ricabo.

Allí surgió la idea de las bicicletas: «Por una parte, el negocio del taxi iba bajando. En Quirós cada vez queda menos gente, y la que queda es mayor. Se suele mover con los hijos, que vienen a verlos o a traerles compra. Nosotros salvamos con el transporte escolar, porque en Bárzana aún funciona un colegio para 30 o 31 nenos. Yo hago una ruta todos los días por Las Llanas, donde recojo a dos hermanos, Muriellos Cimeiro y otros pueblos, y lleno las seis plazas del taxi». Pero es evidente que el negocio baja. «En Quirós somos cuatro taxistas, y no hay demanda para todos. Antes los viernes eran un no parar, pero ahora no se mueve casi nadie, si no es para bajar al médico a Oviedo. Y suelen ir en autobús».

Así las cosas, Irene y Honorio se pusieron a cavilar. «El contacto con los clientes de las casas de turismo rural nos hizo ver que querían algo más que las cuatro rutas de montaña habituales, así que, visto que pedían bicis en alquiler y que lo más cercano está en Teverga, nos decidimos. Pedimos una ayuda Proder y montamos la empresa, con cien bicicletas».

Lo del Proder «te exige mucho. Solo el proyecto de viabilidad nos llevó tres meses» y, además, no pueden redimensionar a la baja el negocio en los cinco años de vigencia de la ayuda. No parece que vaya a ser el caso, de todas formas, porque «demanda sí que hay, de familias en verano y de parejas, sobre todo, los fines de semana de invierno. Nos llevamos muy bien con las casas de turismo rural de la zona, y también con el resto de empresas de alquiler de bicicletas y actividades deportivas», y han encontrado un nicho de mercado en la propia ubicación, extrema, de su negocio: «Estamos al final de la Senda del Oso, aunque los mapas solo incluyen hasta el embalse de Valdemurio. Desde aquí, todo es bajada, y ofrecemos servicio de recogida. Y eso gusta».

Visto que tanto Irene como su pareja son capaces de casi cualquier empeño, la duda surge: «¿Y si tenéis que acabar trabajando en la ciudad?». Será por el sol de una mañana de febrero entre las altas peñas de la zona de Quirós, pero a Irene se le tuerce el gesto: «¿Irme a Oviedo? No, no, no. En la ciudad hay demasiado barullo, y además puedes acabar confinado en un piso. Nosotros vivimos en un piso en Bárzana, pero no es lo mismo. Yo quiero quedarme en Quirós; si no es con las bicis, con lo que sea».