Foto: Dos ciclistas suben el puerto de La Cubilla, entre ganado de carne y un mar de nubes. / Roberto Menéndez
Carisio, Jovellanos y Eiffel. Vías romanas, camino de carros, carretera y autopista por el valle de Pajares, y una rampa ferroviaria que contó con el diseño de Gustave Eiffel en sus viaductos. Tierra de paso y de fonda
OCTAVIO VILLA
Lena es la puerta de Asturias. A ambos lados, Aller y Quirós, y hasta Teverga, ofrecieron siempre buenas alternativas que los romanos del tiempo del legado de Augusto, Publio Carisio, supieron convertir en su principal arma de conquista y comercio, las vías que, como La Carisa, daban mucha más capacidad a algunos de esos caminos transitados al sur y el norte de la cordillera desde antes de que llegase el alfabeto a estos lares.
La Carisa fue durante muchos siglos el principal acceso a y desde la Meseta, compartiendo tal función con el Camín Real de la Mesa. Había un camino por Pajares, poco útil por sus grandes barrancos y desniveles. Pero en 1075, el Rey Alfonso VI de León, Castilla y Galicia, se dice que acompañado por el Cid, se internó en Asturias por el camino de Pajares, camino de Oviedo. Iba a abrir el Arca Santa en la iglesia de San Salvador de Oviedo (la futura Catedral). El camino ya seguía en parte el trazado actual, pero no exactamente. Utilizable por caballerías, pero no apto aún para carros.
Alfonso VI y usted no sólo compartieron camino, bien es verdad que separados por el tiempo. También pudieron compartir admiración por la joya más estética (para gustos colores, ya sé) del prerrománico, Santa Cristina de Lena, que estaba allí para el Rey y sigue allí, bien accesible y muy bien explicada en el Áula del Prerrománico de la impresionante estación ferroviaria de La Cobertoria (es necesario concertar cita previa).
Acercándose el fin del siglo XVIII, los ilustrados asturianos Jovellanos y Campomanes, muy conscientes del tremendo atraso económico que acumulaba la región que había sido cuna y cabeza del Reino de León y de la posterior Castilla, lideraron el diseño y ejecución de una obra que ninguno de los dos llegó a ver concluida. Las obras de esa primigenia carretera del puerto de Pajares sólo duraron 63 años, de 1771 a 1834. Tiempos en los que las diligencias no tardaban menos de cuatro días, y solían emplear hasta dos semanas en llegar a Madrid.
El siglo XX traería las prisas, las remodelaciones de la carretera de Pajares y, al final, la autopista de la que un cuarto de siglo XXI no ha sido suficiente para eliminar el peaje.
Y la variante de Pajares, que hace más aún y de forma casi definitiva a Lena la antes mencionada puerta de Asturias. Vino ésta a darle el relevo a la rampa ferroviaria, que hoy lucha por sobrevivir, amparada en su utilidad para las mercancías no perecederas, pero también en la belleza de su paisaje para un posible uso turístico, los hitos de su construcción, con diseños de puentes de Gustave Eiffel y el hecho de que, como dice la alcaldesa, «retirarla costaría más que conservarla». La inauguró Alfonso XII en 1884, dejando Gijón y Madrid por primera vez a menos de cuatro días de viaje. A 20 horas. Hoy, buena parte de esas mil rutas entre Lena y León son el paraíso de los ciclistas.
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