PABLO COCA VALDÉS. DIRECTOR GENEREAL DE CTIC RURALTECH
«A través del proyecto Freskia, desarrollamos un algoritmo de IA para poder identificar enfermedades en las plantas de fresa»
SORAYA PÉREZ
Pablo Coca Valdés (Oviedo, 1977) es director general de CTIC RuralTech de Peón (Centro de Innovación Rural Ramón Álvarez de Arriba) desde 2024. Coca es ingeniero químico y doctor en Tecnologías Industriales. Durante sus primeros dos años en la industria, se especializó en el desarrollo de productos y pinturas, lo que le acercó a la innovación. Desde 2002, su experiencia profesional ha estado vinculada a la Gestión de la Innovación y la Tecnología, tanto en el ámbito empresarial como en centros tecnológicos. En 2014 empezó en CTIC como responsable de la dirección de Desarrollo de Negocio y Operaciones. Tras la jubilación de Pablo Priesca, en enero de 2024, pasó a asumir la Dirección General del CTIC. En entrevista con EL COMERCIO explica las iniciativas que desarrolla este centro tecnológico puntero en España.
–Desde que asumió el cargo en 2024, ¿qué cambios o que iniciativas se han implementado?
–En nuestra actividad el cambio es consustancial a la innovación. CTIC tiene dos sedes: una en el parque tecnológico de Gijón (enfocada a empresa, industria y salud digital) y ésta en la que estamos (RuralTech en Peón), dedicada a territorios inteligentes y mundo rural. Me siento especialmente orgulloso de dos iniciativas: una europea para crear un mercado único de datos, rompiendo barreras normativas y haciendo que el dato sea interoperable. Y otra relacionada con la computación cuántica, que es una tecnología emergente para resolver problemas complejos que los ordenadores actuales no pueden.
–¿Y cómo se traslada eso al medio rural?
–Por ejemplo a través del proyecto Freskia, donde desarrollamos un algoritmo de IA para identificar enfermedades en plantas de fresa. Con tecnologías cuánticas, necesitamos 10 veces menos imágenes para entrenar el algoritmo, permitiendo que la inteligencia funcione a pie de invernadero.
–¿Ese proyecto está aún en desarrollo?
–Sí. Está en desarrollo. Tenemos un primer demostrador que prueba la viabilidad técnica del proyecto y ahora quedan otras fases por completar para su implementación definitiva.
–Uno de los grandes problemas que tiene el medio rural es el despoblamiento y la falta de relevo generacional… ¿La labor que hace el CTIC está ayudando también en ese sentido?
–Peón es nuestro hogar y campo de pruebas, pero los resultados se llevan a otros territorios. La tecnología no es la solución mágica para todo, pero sí es parte fundamental. Damos herramientas a los habitantes rurales para que sean más competitivos y ganen calidad de vida. Un caso es el proyecto de los pastores de Somiedo con collares de vallado virtual. Permiten delimitar zonas de pasto desde el móvil mediante GPS y vibraciones en el collar del animal, evitando que el pastor tenga que caminar horas para mover al rebaño físicamente.
–¿Y ya se aplicó en Somiedo?
–Sí, y tiene un impacto directo. El pastor gestiona el rebaño desde el móvil. La tecnología es clave para que la actividad agroganadera o forestal sea rentable y ofrezca calidad de vida.
–¿Cuál es la condición para que se empiece a aplicar también en otras partes de Asturias?
–Curiosamente, el primer caso de transferencia fuera de aquí fue en Lérida, aunque algunos pastores de los Picos de Europa ya lo están usando. La única condición es que haya personas en el territorio con ganas e impulso para incorporar estas medidas.
–Por lo que está contando, muchas de las iniciativas influyen directamente en el sector primario. ¿Es un foco importante?
–El sector primario es la base, pero intentamos diversificar. También abordamos proyectos de turismo y pequeño comercio para que existan servicios adecuados y de calidad, y sea atractivo vivir en el medio rural.
–¿Si potenciamos el crecimiento del turismo estamos perjudicando al medio rural?
–Hay dos formas de entender el medio rural: la proteccionista, que lo convierte en un parque temático no sostenible, y la de desarrollo económico y sostenibilidad. Creemos en un modelo donde el medio rural sea atractivo para vivir y trabajar. Todo debe ser compatible mediante la educación y el consenso.
–¿Y cómo es esa tecnología aplicada al turismo?
–Por ejemplo, experiencias de realidad aumentada y virtual para que el turista reciba información en su móvil sobre la historia de una casona o las propiedades de un bosque mientras hace una ruta. Intentamos generar siempre los primeros casos de uso de estas tecnologías novedosas. En cuanto al turismo y el comercio, es vital el asesoramiento para que los pequeños negocios vean cómo la tecnología les permite ser más competitivos o acceder a nuevos mercados, especialmente en negocio electrónico y redes sociales.
–Para hacer todo esto se necesita dinero. ¿De dónde viene la financiación?
–CTIC es una fundación privada. Nuestros ingresos anuales, que son de unos 6,5 millones de euros aproximadamente, provienen de tres fuentes: la financiación no competitiva, que son ayudas directas que una administración incorpora en sus presupuestos. En nuestro caso es mínima, aproximadamente un 2% anual (unos 90.000 euros en 2026). Luego está la financiación competitiva, que supone el 60% de nuestros ingresos. Salimos al mercado y ganamos proyectos, principalmente en Europa. Y, por último, los contratos con empresas, que representan aproximadamente el otro 40% de la facturación.
–¿Y aun así considera que hace falta más financiación?
–Sería deseable que la parte no competitiva fuese un poquito mayor. Esa es la que tiene un enlace más directo a nivel autonómico y permite iniciativas como Aldea Cero, que fue el germen de proyectos como los collares virtuales de Somiedo en colaboración con el Principado de Asturias y el Comisionado de Reto Demográfico.
–¿Y qué está detrás de ese concepto Aldea Cero?
–El cero representa un punto de reinicio para el modelo de aldea. Planteamos que la tecnología tiene un papel clave en el futuro del mundo rural y que la planificación territorial debe comenzar en la aldea, que es el átomo del sistema rural.
–¿Y en qué consiste este proyecto Aldea Cero?
–Fue una colaboración a tres bandas entre el Ministerio de Transición Ecológica, el Principado de Asturias y nosotros. Pusimos en marcha el pastoreo tecnológico, la comunidad energética local experimental y el aula intergeneracional. En este último caso, tenemos un acuerdo con la Consejería de Educación en la escuela rural de aquí de Peón. Los jóvenes del valle se reúnen con los mayores: los mayores aportan el conocimiento y los jóvenes lo digitalizan. Han creado una web (Andecha Digital) donde han catalogado casi 200 hórreos y paneras, manantiales, refranes y leyendas. Nosotros ponemos los medios y dinamizamos las sesiones.
–¿Continúa entonces Aldea Cero?
–Continúa, pero en una fase de mantenimiento a través de esa financiación competitiva que le mencionaba. Esto permite que lo que hicimos inicialmente tenga continuidad: que el aula siga activa, que la comunidad energética siga generando conocimiento o que los pastores de Somiedo mantengan el sistema en activo. Siempre es deseable más financiación, pero lo cierto es que nuestra singularidad y originalidad nos hace muy competitivos cuando salimos fuera a buscar proyectos.
–Hoy en día, ¿cuántas personas trabajan en CTIC?
–Somos 75 personas. De esas 75 personas, 15 están en esta sede de RuralTech en Peón.
–¿Cómo ha cambiado la vida de la gente de Peón desde que existe este centro?
–Como fundación, nuestro propósito es que a través de la tecnología las empresas y la sociedad asturiana sean más competitivas y tengan mejor calidad de vida. En Peón, cuando cogimos el legado de una fundación que tenía casi 100 años (la de Ramón Álvarez de Arriba), el propósito era el mismo que el del indiano en 1920: que los habitantes prosperasen mediante una agricultura profesional y disruptiva. Cien años después, nosotros tomamos el relevo con el dato y la inteligencia artificial (IA). El primer reto fue hacernos vecinos del valle y la acogida ha sido espectacular. En lo no tecnológico, hemos recuperado la historia del indiano Ramón Álvarez de Arriba con una historiadora de la Universidad de Oviedo, porque su memoria se estaba perdiendo. Hemos hecho un libro que tienen todas las familias de Peón y muchas actividades para recuperar el orgullo de pertenencia. El máximo exponente de esto fue el reconocimiento de Peón, Arroes y Candanal como Pueblo Ejemplar en 2023 por la Fundación Princesa de Asturias. El mérito es de los vecinos, pero en la candidatura incorporaron como elemento diferencial tener un centro de investigación en la ruralidad del siglo XXI.
SU LUGAR ESPECIAL
El director general del Centro de Innovación Rural Ramón Álvarez de Arriba (CTIC RuralTech), Pablo Coca, ha llegado a la conclusión, después de un largo análisis, de que «son muchos sus sitios favoritos a lo largo y ancho del Principado, en los que se mezclan muchas emociones y puedo revivir muchos recuerdos significativos». Aunque es ovetense, Coca confiesa que prefiere la zona rural antes que la capital. Explica que ha vivido muchos momentos especiales en Asturias «de niño, de joven, de adulto. Cada rincón merece la pena», explicó. Al tiempo que dejó claro que esta comunidad autónoma tiene muchos lugares que son de visita obligatoria.