MAMEN OLIVÁN GARCÍA. DIRECTORA GERENTE DEL SERIDA – 180 EMPLEOS
«La lucha es por la sostenibilidad de las explotaciones, la disminución de gases de efecto invernadero y cuidar la biodiversidad»

SORAYA PÉREZ

Con setenta años a sus espaldas, el Serida se ha convertido en un motor esencial del desarrollo rural en Asturias. Al frente, lo dirige desde hace seis años la doctora en Biología e investigadora Mamen Oliván García (San Sebastián, 1966), que tiene claro que el sector primario en Asturias no solo tiene futuro, sino muchas oportunidades, pero «hace falta relevo generacional». En esta entrevista con EL COMERCIO, Oliván explica los retos que enfrenta el Serida actualmente y los proyectos más ilusionantes en marcha.

–Es usted doctora en Biología, investigadora de larga trayectoria y directora gerente del Serida. ¿Qué supone esta gran responsabilidad?
–Soy directora del Serida desde el año 2020. Ya cumplimos seis años recientemente, porque fue un 18 de febrero… Así que acabo de cumplir los seis años al frente. La verdad es que he sido investigadora toda la vida y esa es mi vocación. Recuerdo con cariño el tiempo dedicado a mi línea de investigación, pero ahora, desde que asumí las competencias de la dirección, he tenido que dejar de lado la investigación directa. Sin embargo, esta etapa también es muy ilusionante y gratificante, porque implica trabajar por el colectivo de investigadores. Es un reto y la satisfacción es ver cómo poco a poco vamos consiguiendo crear las condiciones que favorezcan desarrollar una investigación de alto nivel, generando conocimiento con impacto real para el sector agroalimentario. Esa es otra forma de contribuir a la investigación: favorecer un entorno donde la ciencia pueda crecer y ser útil.

–¿Cómo ha evolucionado la institución y qué papel cumple hoy frente a los retos que enfrenta el campo asturiano?
–Nuestra entidad nació en los años 50 del siglo pasado, en 1956, como la antigua Estación Pomológica de Villaviciosa. Ha ido evolucionando hasta la actual Serida, que es el centro de referencia en investigación agroalimentaria del Principado y está adscrito a la Consejería de Ciencia. A lo largo de estos años, hemos ido sumando nuevas líneas de trabajo y creando grupos multidisciplinares de investigación, lo que nos permite abordar proyectos cada vez más complejos y ser más competitivos para captar fondos, que es uno de los frentes principales. Actualmente, el Serida tiene varios centros y granjas demostrativas distribuidas en cuatro municipios asturianos (Villaviciosa, Gijón, Grado e Illano). Realizamos estudios orientados a la mejora de las producciones agrícolas y ganaderas, generando conocimiento que permita al sector afrontar sus retos actuales y prepararse para el futuro, alineándonos con las nuevas políticas europeas. En general, estamos centrados en cuatro líneas generales: sostenibilidad de las explotaciones agrarias, disminución de la producción de gases de efecto invernadero, la economía circular y la lucha contra la pérdida de biodiversidad y diseñar sistemas agroecológicos.

–¿Cuáles cree que son los retos más importantes?
–Los retos principales son los que he mencionado: sostenibilidad, disminución de gases de efecto invernadero, economía circular y lucha contra la pérdida de biodiversidad. Podríamos añadir el reto del relevo generacional, porque, al final, lo que tenemos que conseguir entre todos es que el trabajo en el campo sea atractivo y rentable. Desde el Serida trabajamos para optimizar todos los aspectos y contribuir a que el trabajo sea cada vez más eficiente, cómodo y, sobre todo, económicamente viable, impulsando la investigación y la transferencia de conocimiento.

–¿Cómo influye el cambio climático en todo este asunto?
–Evidentemente, el cambio climático afecta a todo. Ya es evidente que se detectan modificaciones en las temperaturas y en la disponibilidad de agua, lo cual afecta a la producción de alimentos. Esto incluye alimentos de origen vegetal, como el manzano, que ya está requiriendo riego en Asturias (algo impensable antes), o la faba, que sufrió enormes pérdidas por hongos debido a lluvias inadecuadas.

–Y también afecta a la ganadería. ¿Correcto?
–Sí. Poco se habla de esa parte, pero también afecta a la ganadería. Sobre todo, el incremento de temperaturas y la inestabilidad en el agua afectan a la producción de pastos, a la capacidad reproductiva de las vacas y a la producción de leche. Por ello, incorporamos el cambio climático en nuestros estudios y trabajamos en implementar prácticas que permitan la reducción de emisiones de gases que ocasionan el efecto invernadero.

–Trabajan ustedes con granjas demostrativas en proyectos de neutralidad climática.
–Exacto, sí. Las granjas demostrativas son una de nuestras herramientas más útiles, porque permiten impulsar la innovación mediante demostraciones prácticas. Tenemos granjas demo adaptadas en distintas zonas con un enfoque demostrativo, realizando jornadas de puertas abiertas y acciones formativas para transferir conocimiento al sector. Además, empresas innovadoras confían en nosotros para validar prototipos o desarrollar ensayos pilotos en condiciones reales de producción, asegurando resultados directamente aplicables. Esto nos permite enfocarnos en solucionar problemas reales.
–El Serida tiene muchos proyectos, ¿cuál le produce mayor satisfacción?
–Todos los proyectos superan procesos de evaluación muy rigurosos. Sin embargo, existen líneas históricas centradas en producciones emblemáticas de la región, como la manzana de sidra o la faba, que se ven muy afectadas por el cambio climático y tienen un impacto económico importante. En ese contexto, estamos orgullosos de haber desarrollado nuevas variedades más resistentes a enfermedades. Esto se ha convertido en una herramienta clave para evitar pérdidas de producción y hacer los sistemas productivos más sostenibles ambientalmente, ya que al aumentar la resistencia se reduce la dependencia de fitosanitarios. Este enfoque en nuevas variedades resistentes, tanto en manzano como en faba, nos caracteriza especialmente.

–Sobre la bioeconomía circular: purines convertidos en abonos, magalla de manzana transformada en compuestos bioactivos. ¿Cuándo dejarán de ser un proyecto piloto?
–Eso seguro. Son temas muy de actualidad porque el enfoque de la bioeconomía circular es prioritario a nivel europeo, ya que resuelve dos problemas: cómo librarse de lo que antes se llamaba residuo y ahora vemos como subproducto que hay que reincorporar a la cadena de valor, y cómo evitar gastar recursos económicos en retirarlo. Se están haciendo muchísimos estudios en esta línea, algunos en fase avanzada, y creo que pronto se verán aplicaciones concretas en el día a día.

–Uno de los problemas es la falta de relevo generacional. ¿Qué tiene que cambiar para que los jóvenes vean el sector primario como una opción?
–Creo que es multifactorial. En primer lugar, el medio rural debe garantizar el acceso a servicios básicos esenciales (sanidad, educación, transporte, conectividad) para asegurar calidad de vida. En lo que respecta a la actividad agraria, lo que hay que conseguir es que no sea solo vocacional, sino que sea rentable y compatible con el estilo de vida actual. Desde Serida trabajamos para contribuir a que el trabajo en el campo sea cada vez más eficiente y cómodo con la incorporación de nuevas tecnologías y digitalización, y sobre todo, económicamente viable. Para ello es fundamental proseguir imparablemente con más investigación, innovación y transferencia de conocimiento al sector agroganadero.

–Si pudiera pedir una cosa para el Serida, ¿qué sería?
–Sinceramente, lo pediría todo, pero, puestos a elegir, creo que la prioridad sería reforzar la entidad con personal cualificado, tanto en el ámbito científico como en el administrativo, ya que la gestión administrativa es cada vez más importante. Además, conseguir captar talento investigador. Solo así podremos desarrollar investigación de alto nivel, cumplir con nuestro compromiso con el sector y aportar conocimiento, innovación y soluciones alineadas con las necesidades reales.

–¿Cuántos proyectos tiene ahora en marcha el Serida?
–Tenemos un total de 33 proyectos de investigación en desarrollo: quince nacionales, ocho internacionales. Además, tenemos cuatro grupos de investigación de excelencia financiados por la Consejería de Ciencia y seis contratos con empresas o consorcios.

–Asturias tiene una agricultura más tradicional y menos industrializada. ¿Eso es una ventaja o una desventaja?
–Eso tiene sus pros y sus contras. Por un lado, se producen alimentos seguros y saludables, que el consumidor reconoce por su alta calidad, pero, por otro lado, el pequeño tamaño de las explotaciones hace difícil mantener la rentabilidad de las producciones. Asturias, por sus condiciones climáticas y su orografía, es una región donde se han mantenido sistemas productivos tradicionales y con menor impacto medioambiental.

 

SU LUGAR ESPECIAL

El lugar preferido de Asturias de la directora gerente del Serida, Mamen Oliván, es el Parque Natural de Las Ubiñas-La Mesa y, más en concreto, los puertos de Agüeria. Este sitio es especial para ella porque, según explica, fue el lugar donde pasó «cuatro intensos años» realizando su tesis doctoral. Una tesis que «se centró en el estudio de la optimización del aprovechamiento de los pastos de montaña por el ganado, y más específicamente, en la aplicación de biomarcadores vegetales para estimar la selección de dieta que realizan los rumiantes», explica.