Foto: El río Nalón sale de la boca norte de la Cueva Devoyu, tras recorrer 200 metros bajo la montaña. / O. Villa
Tierra de agua y quesu. El gran río del centro de Asturias, con su espectacular cueva, tiene sus fuentes en Caso, donde cada casa tenía su artesano de la madera y su elaboradora de queso
OCTAVIO VILLA
Caso se percibe hoy en la mayor parte de Asturias como el final del valle del Nalón. O su principio, el lugar en el que nace este gran río asturiano, en una suerte de circo glacial rodeado de impenetrables farallones que no son tales. No es el final de nada, y durante todo su recorrido histórico, Caso fue siempre tierra de paso, uno de los lugares por los que las tierras al norte y al sur de la cordillera se comunicaban.
Señoríos compartidos y monasterios con cotos a uno y otro lado de las montañas dieron fe de esto durante siglos, y aún quedan restos que testimonian que el pueblo de Tarna, el de Bueres o el de Govezanes, por no poner más ejemplos, vivían en parte de ser tierra de paso. De comerciar, de alojar y alimentar, de cobrar fielatos y de vigilar. Por Caso pasaba el Camín Real, antiguo ramal del camino romano que entraba en Asturias por el puerto de Tarna y llegaba hasta la costa central y oriental de Asturias. Se lo conocía también como Calzada del Sellón-Facéu, que aún cruza Govezanes, pueblo en el que el primor de los trabajos en madera que se ven en las fachadas habla de la riqueza de los bosques casinos tanto como de la destreza de los muchos carpinteros que trabajaban en las casas de la zona alta del concejo.
Ganado y madera eran la ocupación de casi cada familia. Una raza, la casina, eminentemente de carne y con una escasa producción de leche que, sin embargo, por mor de la economía de subsistencia familiar y beneficiada por el alto contenido graso y proteínico de la leche de esas vacas pardas y tenaces, dio origen al queso con más personalidad de Asturias, el casín. Cada casa tenía su carpintero, que ejercía de forma muy natural de madreñero, siquiera para el consumo familiar, pero muy habitualmente para vender al resto de Asturias y contribuir a una economía familiar en la que ellas, las esposas y madres, sumaban a sus muchos desvelos la delicia contundente del quesu.
Ese queso que hoy sólo dos queserías, una en Caso y la otra en Piloña, elaboran de forma profesional y con la comercialización permitida de forma legal. Aún se ‘rabila’ casín en algunas casas, pero el número de participantes en el certamen que en la Collada de Arnicio se celebra cada inicio de septiembre ha ido disminuyendo hasta casi desaparecer.
Es de esperar que esa desaparición se asemeje a la del río Nalón en las profundidades de la Cueva Devoyu a la altura de Les Llanes. El río se interna, a través de una gran boca, en una cavidad del macizo kárstico junto al puente Coloráu y sale, con más fuerza, más imponente, por otra boca aún más impresionante (y con una pequeña y muy agradable área recreativa) a la vista del puente Devoyu. En su interior, donde no se debe adentrar nadie sin formación ni equipo especialiado, nutrias, desmanes y cuatro especies murciélegos dan fe de la calidad de sus aguas.
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