LUIS ORIOL SÁNCHEZ FERNÁNDEZ. PRESIDENTE DEL SAAS
«Cuando vives en la zona rural, el entorno termina influyendo en tus ideas, en tu forma de ver el mundo y en las piezas que elaboras»
SORAYA PÉREZ
Luis Oriol Sánchez Fernández (Gijón, 1973) es el presidente del Sindicato de Artesanos de Asturias (Saas), organización en cuya directiva lleva diez años. Artesano y emprendedor, está al frente de Oleum, un laboratorio que trasladó desde Gijón al medio rural. En entrevista con EL COMERCIO, Sánchez defiende la artesanía como una actividad con futuro, capaz de generar empleo y contribuir a fijar población en los pueblos. Entre sus principales preocupaciones está «la falta de relevo generacional y la necesidad de mejorar la formación especializada». También reivindica la artesanía como parte del patrimonio, la cultura y el atractivo turístico de Asturias.
–¿Cuál considera que es actualmente la situación de la artesanía en Asturias?
–Por un lado tenemos un problema fundamental: la falta de relevo generacional, que no solamente nos pasa a nosotros, sino a muchos oficios del campo, a autónomos y comerciantes. Pero en la artesanía se ve claramente porque la edad media ya está en torno a los 50 o 55 años, que es muy elevada. Hay margen de sobra para muchos más artesanos de los que hay. Si miramos otras comunidades autónomas, nos damos cuenta de que aquí está un poco bajo el ratio de artesanos por habitante.
–Dice que uno de los principales problemas, si no el principal, es la falta de relevo generacional. ¿Qué otros problemas enfrenta el sector?
–Quizás hay algún problema en cuanto a que nos conceden las ayudas, pero hay que pagarlas antes de recibirlas y a veces es un jaleo. Pero, a nivel administrativo y burocrático, más o menos estamos bien cubiertos y siempre nos han mantenido cerca. Afortunadamente hemos conseguido apoyar e impulsar la marca de artesanía, que es algo que para nosotros es muy importante y que llevamos ya 14 o 15 años reclamando. Claro, llegamos un poco tarde. Si que es cierto que es un empujón que nos viene muy bien.
–¿Y por qué aquí tardó tanto en lograrse ese sello de calidad?
–Porque esto es como aquello que dice: un pequeño paso para el hombre, un gran salto para la humanidad. Aquí, lo que es un pequeño paso para una empresa privada para la Administración es un gran salto. Fundamentalmente era un tema burocrático. Y ahí, sobre todo, yo achaco una falta de motivación por parte, en este caso, de la Administración, porque no era una dificultad, era solamente ponerse manos a la obra.
–Ahora que lo han logrado, ¿cómo cambian las cosas? ¿En qué les beneficia disponer de esa marca?
–Lo importante es el reconocimiento por parte del público de dónde hay verdadera artesanía, porque lo que nos pasa siempre es que es muy difícil para el ojo ajeno diferenciar lo que es artesano de lo que es reventa, de lo que es directamente importación y compra y venta. El hecho de tener un sello de garantía hace que el cliente pueda decir: ‘Pues, efectivamente, esto es un producto que está hecho por un artesano del Principado de Asturias bajo unas condiciones’. Estamos en la parte en la que tenemos que hacer que el público reconozca el logotipo. Eso es fundamental.
–Volviendo a la falta de relevo generacional, ¿por qué cree que cuesta tanto atraer a los jóvenes hacia los oficios artesanos?
–En parte, porque no es una profesión que tenga una visibilidad muy positiva. La gente que ve artesanía suele hacerlo en una feria de calle. No la sueles ver en un gran centro comercial o no hablan de ella las primeras marcas, y entiendo que eso hace que a la gente no le llame de mano porque no parece un oficio muy atractivo. Digamos que eso es un poco lo que a la gente joven le entra por los ojos. Pero lo que se olvida, o lo que no sabemos transmitir, es el poder vivir de algo que realmente te puede ilusionar y que te puede, a lo mejor, no aportar ese salario de gran empresario, pero sí la satisfacción de desarrollar un oficio y unas capacidades que van en línea con lo que a ti te gustaría hacer o desarrollar y poder vivir de ello. Y para vivir de ello tengo clarísimo que no hay ningún problema.
–Hay muchos talleres artesanos instalados en concejos rurales y pueblos. ¿Qué ventajas tiene?
–Siempre digo que el medio rural ofrece muchas oportunidades, pero te tiene que gustar el campo. En mi caso particular, yo tengo un laboratorio, Oleum, de jabones y cosméticos artesanales que empecé en Gijón, pero en cuanto vi la ocasión me mudé a zona rural, a Cabranes. Mi idea era poder trabajar y vivir en el campo. Por eso edifiqué las instalaciones en zona rural y desde allí es desde donde trabajo, aunque soy de Gijón. Y tiene sus ventajas, cada día veo el bosque desde la ventana.
–¿Puede convertirse la artesanía o los oficios artesanos en una herramienta contra la despoblación?
–Claro que sí. Se puede vivir en la zona rural y tener acceso a todas las comodidades. Puedes estar en un pueblo en la montaña, y si tú allí tienes luz y tienes conexión a internet, pues ya está. Ya puedes empezar a trabajar. No necesitas nada más que eso. El hecho de tener una empresa en el área rural va a aportar muchas veces que haya más movimiento empresarial por la zona. Porque, por ejemplo, el transportista que te lleva mercancía tiene que estar cerca de ti y tú necesitas una serie de servicios que vas a demandar. Los artesanos podemos estar situados en cualquier sitio, ya que nuestro oficio se puede desempeñar en tu propio taller, donde sea.
–La artesanía está también muy vinculada a técnicas y conocimientos tradicionales. ¿Eso contribuye a reivindicar tradiciones que no deberían perderse?
–La artesanía tiene una vertiente vinculada a las técnicas tradicionales, pero también hay mucha gente que trabaja con nuevos materiales, nuevas técnicas o nuevas formas de hacer las cosas. Hay espacio para todo. Lo que está claro es que, cuando vives en una zona rural, el entorno termina influyendo en tus ideas, en tu forma de ver el mundo y, por tanto, también en las piezas que elaboras. Si trabajas, por ejemplo, con madera, es muy probable que en algún momento acabes haciendo una madreña o recurriendo a una talla tradicional. De una manera u otra, aquello que tienes alrededor termina entrando en tu trabajo.
–Si tuviese que convencer a una persona joven interesada en la artesanía, pero que no lo tiene muy claro, ¿qué le diría?
–Actualmente muchos jóvenes buscan un trabajo que les motive, no solo un empleo bien remunerado. Conozco casos de personas que prefieren dedicarse a algo a tiempo parcial que realmente les llene antes que trabajar a tiempo completo en algo con lo que podrían ganar más dinero, pero que no les gusta. La artesanía ofrece precisamente esa posibilidad. Puedes involucrarte en mayor o menor medida, pero, sobre todo, tienes la oportunidad de desarrollar algo que realmente te apasiona. Además, el propio proceso de aprendizaje y la evolución que experimentas junto a tus piezas, ya trabajes con cerámica, madera, cuero o cualquier otro material, resultan enormemente motivadores. Hay pocas profesiones que ofrezcan esa posibilidad.
–¿La artesanía es también una forma de conservar la cultura y el patrimonio de Asturias?
–Sí, especialmente en un momento en el que cada vez encontramos más cosas deslocalizadas y muchas ciudades se parecen entre sí. Creo que la gente busca encontrar algo diferente y característico cuando visita un lugar, aunque sean pequeños detalles, y el producto artesano garantiza precisamente esa singularidad. Por mucho que dos piezas de cerámica puedan parecerse, una elaborada en Cáceres y otra hecha en Asturias nunca van a ser exactamente iguales. Cada una está influida por el lugar en el que se crea y eso aporta un valor añadido a la artesanía.
–El Principado está trabajando en la revisión del Plan Estratégico de la Artesanía con horizonte hasta 2030. ¿Qué medidas considera imprescindibles para garantizar el futuro del sector?
–El Plan Estratégico de Artesanía del Principado, tal y como está planteado actualmente, me parece demasiado ambicioso y poco concreto. Es uno de esos planes en los que, si se consiguiera desarrollar un 20% de lo planteado, probablemente ya sería un éxito. Creo que falta concretar más las medidas. Si vamos a cuestiones prácticas, una de las prioridades debería ser seguir impulsando la marca de artesanía. Es fundamental darle visibilidad, conseguir que se consolide y que el público llegue a reconocerla. También echamos en falta un centro o un espacio dedicado a la formación continua de los artesanos, algo que sí existe en otras comunidades autónomas. Un lugar de estas características permitiría profundizar en diferentes técnicas y, al mismo tiempo, funcionaría como punto de encuentro entre profesionales con inquietudes similares. Actualmente no tenemos nada así en Asturias. Necesitamos acceso a más formación y cursos especializados y más relevo generacional. La artesanía no puede entenderse únicamente como una actividad económica dedicada a vender productos. La artesanía también es patrimonio, es cultura y puede ser un atractivo turístico. Creo que sería muy interesante recuperar esa visión más amplia y volver a relacionarla con esos ámbitos. Eso permitiría desarrollar proyectos conjuntos y aprovechar mucho mejor todo el potencial que tiene la artesanía en Asturias.
SU LUGAR ESPECIAL
Playa de España
El lugar preferido del presidente del Sindicato de Artesanos Asturianos (SAAS), Luis Oriol Sánchez Fernández, es la Playa de España, ubicada entre Villaverde y Quintes, en el concejo de Villaviciosa. Cuenta con un entorno singular de acantilados y piedra en los que se encuentran restos fósiles. El fuerte oleaje es una de sus características, lo que la hace muy atractiva para la práctica del surf. Sus aguas son cristalinas y atraen a cientos de turistas durante todo el año. Para Sánchez, esta playa «es el lugar donde voy cuando quiero estar en paz y conectar con la naturaleza».