Turismo. El regreso de familias con raíces en el territorio, las segundas residencias y el turismo transforman durante unas semanas algunos de los concejos más pequeños de Asturias

SORAYA PÉREZ

Hay pueblos asturianos donde el verano se nota mucho antes de mirar el calendario. Se levantan persianas que llevaban meses bajadas, vuelven los coches a las puertas de casas cerradas durante buena parte del invierno, hay más gente por las calles y los negocios recuperan clientes. Agosto devuelve durante unas semanas una imagen difícil de encontrar el resto del año en una parte del medio rural. Son pueblos que reviven en verano y vuelven a perder habitantes cuando terminan las vacaciones.

Los datos permiten poner cifras a esa realidad. Según la Sociedad Asturiana de Estudios Económicos e Industriales (Sadei), a partir del Censo de Viviendas de 2021, el peso de las viviendas ‘no principales’ es especialmente elevado en algunos de los concejos más rurales y despoblados de Asturias.

El caso de Amieva es uno de los más llamativos. Según el organismo, de sus 1.550 viviendas, 1.247 no son principales. Es decir, alrededor del 80% del parque residencial no constituye la residencia habitual. Algo parecido ocurre en Ponga, donde 1.073 de las 1.369 viviendas son secundarias, cerca del 78%. Son cifras que ayudan a entender por qué el aspecto de muchos pequeños núcleos rurales puede cambiar radicalmente en la época estival.

La situación se repite en Somiedo. De acuerdo con Sadei, el concejo dispone de 2.347 viviendas y 1.787 no son principales, más del 76%. En Onís, el porcentaje ronda el 74%, con 990 de un total de 1.330. También supera el 70% en Belmonte de Miranda, Peñamellera Alta y Peñamellera Baja.

Las estadísticas no permiten considerar automáticamente que todas esas segundas viviendas se llenen en verano, pero si permite hacerse una idea de la cantidad de personas que durante sus vacaciones las utilizan. También demuestra hasta qué punto existe en estos municipios un parque residencial muy superior al ocupado habitualmente por sus vecinos.

El fenómeno se extiende de la montaña a la costa. Quirós tiene, según Sadei, 1.481 viviendas no principales de un total de 2.126; en Cabrales son 2.139 de 3.111 y en Ribadedeva, 1.436 de 2.188. En el occidente aparecen ejemplos como Ibias, donde más del 61% de las viviendas no son principales, o Taramundi, donde la proporción también supera el 60%.

En estos concejos, el verano no se explica únicamente por los turistas. Parte de esa vida recuperada procede de familias que conservan una casa en el pueblo aunque residan habitualmente en otros lugares y regresan durante las vacaciones. Es una población difícil de medir mediante el padrón, porque puede pasar semanas en el medio rural sin figurar como residente del municipio.

Precisamente por eso, el Instituto Nacional de Estadística (INE) ha utilizado datos de teléfonos móviles en sus estudios experimentales de movilidad para aproximarse a los desplazamientos turísticos y estacionales. La metodología permite detectar movimientos de población que las cifras tradicionales de residentes no reflejan.

El turismo rural
A las casas familiares se suma el turismo rural, especialmente importante en territorios como Somiedo, Cabrales, Ponga, Onís o Taramundi. El propio Gobierno del Principado reconoce ese fuerte incremento de movilidad durante el verano. Este año ha desplegado 36 itinerarios de lanzaderas estivales en 30 concejos para facilitar los desplazamientos hacia playas, espacios naturales y enclaves turísticos.

Según los datos del Principado, sólo durante julio las lanzaderas contabilizaron 97.149 desplazamientos, un 17,8% más que en el mismo mes del año anterior. La conexión desde Arenas de Cabrales hacia la ruta del Cares registró 13.531 trayectos.

En la costa el fenómeno también resulta evidente. Según Sadei, Llanes tiene 16.223 viviendas, de las cuales 10.135 son no principales, aproximadamente el 62,5%. En Colunga superan el 65%; en Ribadesella se aproximan al 58% y en Cudillero rebasan el 55%.

Durante unas semanas, una parte de la Asturias rural parece así desafiar las estadísticas de despoblación. Las casas vuelven a abrirse, los bares tienen más mesas ocupadas y las calles recuperan vecinos. Después llega septiembre, se guardan las maletas y vuelven a cerrarse muchas persianas. El verano no resuelve la pérdida de población, pero durante unas semanas consigue volver a llenar los pueblos de vida.

Cuando acaba la época estival, vuelve el silencio

Muchos de los concejos que recuperan actividad durante el verano se enfrentan el resto del año a la realidad de la despoblación

Las persianas que se levantan en julio y agosto vuelven a bajar cuando termina el verano. Las familias regresan a sus lugares habituales de residencia, disminuyen los visitantes y muchos pequeños pueblos asturianos recuperan una realidad muy diferente.

No es únicamente una percepción. La zonificación demográfica elaborada por el Principado de Asturias sitúa actualmente a 23 concejos en riesgo de despoblamiento, la categoría más grave establecida por la Administración para aquellos territorios cuyos indicadores muestran una reducción severa de habitantes.

En esa lista aparecen precisamente numerosos municipios rurales que durante el verano recuperan actividad, como Amieva, Ponga, Somiedo, Taramundi, Belmonte de Miranda, Ibias, Allande, Grandas de Salime, Villanueva de Oscos, San Martín de Oscos, Santa Eulalia de Oscos o Villayón. En conjunto, según el Principado, los 23 concejos considerados en riesgo de despoblamiento suman apenas 39.565 habitantes.

Otros territorios que también reciben una importante población estacional tampoco escapan al problema. El Principado incluye a Cabrales, Onís, Quirós, Peñamellera Alta, Peñamellera Baja, Ribadedeva, Ribadesella y Cudillero, entre otros, dentro de la categoría de concejos en ‘crisis demográfica’.

Según una investigación del Sadei de 2025, Asturias ganó población y alcanzó los 1.015.436 habitantes, pero ese crecimiento no llegó a todo el territorio: 48 de los 78 concejos perdieron vecinos.