Historia. La ruta ofrece un viaje sensorial por un desfiladero de piedra y agua donde el río Nora ha esculpido su propia catedral natural

SORAYA PÉREZ

Quien recorre Llanera suele esperar llanuras, prados abiertos y una intensa actividad empresarial. Sin embargo, en las inmediaciones de Tuernes, el paisaje se pliega y se profundiza, dando paso a uno de los secretos mejor guardados de la zona central: la Ruta de los Covarones. Este sendero no sólo es una vía de escape para los senderistas locales, sino un testimonio geológico de la convivencia entre las piedras y el agua.

La ruta, de escasa dificultad pero gran impacto visual, serpentea acompañando el curso del río Nora. Al adentrarse en el cañón, la luz se tamiza a través de un bosque de ribera exuberante donde los sauces parecen competir por acariciar la corriente. El sonido del agua genera una profunda paz, y actúa como banda sonora de un recorrido que sorprende por su frescura, incluso en los meses de mayor calor.

El nombre de la ruta no es casual: los ‘covarones’ son grandes oquedades y abrigos naturales excavados por el proceso de desgaste a lo largo de milenios. Estas cuevas, algunas situadas a media altura en los paredones rocosos, no sólo añaden un aire de misterio al paisaje, sino que han servido históricamente como refugio y punto de referencia para los habitantes de San Cucao.
Naturaleza salvaje y antigua

Uno de los puntos más espectaculares de la ruta es el estrechamiento donde las paredes de piedra parecen cerrarse sobre el caminante, cubiertas por un manto de musgo y helechos que denotan la alta humedad del clima. Aquí, la naturaleza se siente salvaje y antigua. Pero más allá de su valor recreativo, la ruta destaca por su riqueza botánica. Además de la vegetación, en las zonas más elevadas del cordal se asoman ejemplares de encinas, un recordatorio de la versatilidad de los suelos calizos de la región. El sendero está salpicado de vestigios de la vida rural asturiana, con antiguos molinos que hoy descansan en silencio, testigos de una época en la que el río era el motor de la economía local.

La Ruta de los Covarones es, en definitiva, una invitación a redescubrir Llanera desde una perspectiva única y diferente.