Arquitectura. Según documentos históricos su construcción data de alrededor de 1676 a 1694. Su diseño es un reflejo de la sobriedad y la funcionalidad de la época

SORAYA PÉREZ

En el paisaje urbano de Noreña, un elemento se yergue como el corazón palpitante y el guardián silencioso de su historia: la Torre del Reloj. Situada estratégicamente en la colina del Rebollín, esta construcción de más de trece metros de altura no es meramente un hito arquitectónico; es el cronómetro que ha marcado el ritmo de la vida social, económica y judicial del concejo durante más de tres siglos.

La génesis de esta imponente estructura se sitúa en el último tercio del siglo XVII, un período en el que la villa buscaba consolidar su identidad y su autonomía. Según documentos históricos su construcción data de alrededor de 1676 a 1694. Su diseño es un reflejo de la sobriedad y la funcionalidad de la época: una robusta planta cuadrada, levantada con mampostería y reforzada con sillares de piedra en sus esquinas, asegurando su resistencia al paso de los años.

Lo que hace verdaderamente fascinante a la Torre del Reloj es su polivalencia histórica. A lo largo de su existencia, ha sido un edificio de múltiples usos. En sus inicios, sirvió como centro neurálgico del poder civil; fue el lugar donde la comunidad se reunía y donde se ubicó temporalmente el Ayuntamiento antes de que este se trasladara a su sede más moderna. Sin embargo, sus muros también tienen un pasado más severo, ya que durante mucho tiempo funcionó como la cárcel local, custodiando a aquellos que transgredían las normas de la villa de Noreña.

Pero si hay un gremio que debe su existencia y su disciplina a este reloj, ese es el de los zapateros. Noreña fue, durante mucho tiempo, la capital indiscutible de la industria zapatera en Asturias, un motor económico fundamental. El sonido de la campana de la torre era la señal ineludible que dictaba el inicio y el fin de las extenuantes jornadas laborales en los talleres. El mecanismo que hoy observamos, una obra de precisión del año 1864, fue fabricado por el relojero José Martínez. Este mecanismo, que requiere un cuidado casi artesanal, ha sido transmitido de generación en generación, asegurando que el pulso de Noreña nunca se detenga.

Restaurada en 2019
En la actualidad, tras una necesaria y minuciosa restauración concluida en 2019, la Torre del Reloj ha abrazado una nueva vocación: la cultura y la memoria. Ha dejado atrás sus funciones administrativas y penitenciarias para convertirse en un espacio de bienvenida y divulgación. Hoy, en su base, se encuentra la Oficina de Turismo y una Exposición Permanente dedicada a los Zapateros de Noreña. Al recorrer su interior, el visitante puede reconstruir la historia económica del concejo a través de herramientas antiguas, valiosos documentos y fotografías.