Asturias lleva cuatro años aumentando el censo. Su política se basa en ayudas a la natalidad, educación gratuita, facilitar el retorno y revitalizar el medio rural

RAMÓN MUÑIZ

Nada fue casual. En 1926 la sociedad de socorro mutuo La Benéfica levantó un edificio en Piloña para que los vecinos pudieran ayudarse en casos de pobreza, viudedad y enfermedad. El lugar fue teatro, salón de baile, cine, fábrica de dulces, aparcamiento y cayó en el abandono. Podía haber seguido así, otro patrimonio cultural echado a perder, una muestra más de la España vacía. Pero en 2021 un colectivo liderado por el Rodrigo Cuevas lo recuperó para darle vida como espacio cultural. Hoy es «un símbolo de lo que España puede y debe ser, un país lleno de oportunidades, de esperanza y de futuro».

Así lo definió el presidente Pedro Sánchez, este lunes, en el propio inmueble. No por casualidad escogió para presentar la Estrategia Nacional para la Equidad Territorial y el Reto Demográfico, que apuesta por extender la conexión digital y el transporte público. Inspirado en el fondo Asturias Crece, el Ejecutivo central añade a la apuesta España Crece, programa con 1.000 millones en ayudas directas y financiación a la gestión forestal, agricultura regenerativa, ganadería extensiva y otros negocios.

Año 2022. El fantasma del millón de habitantes perdido
Sánchez dijo que hay signos de un cambio demográfico gracias «al esfuerzo conjunto que hemos hecho con algunos gobiernos autonómicos, como es el caso del Principado». La estadística es clara. El año 2022 empezó con una Asturias de 1.004.960 habitantes y una duda: dada la tendencia, ¿cuál sería el momento exacto en el que la comunidad bajaría del millón de habitantes?
Lo que siguió fue un giro de 180 grados. Un crecimiento sostenido, según los datos provisionales del Instituto Nacional de Estadística, permitió iniciar este año con 16.733 habitantes más que entonces. Se gana población del extranjero, de otras comunidades y, también, de Madrid. El último balance migratorio muestra que en el intercambio con esa comunidad Asturias terminó captando 1.036 efectivos más.

«No es tiempo de autocomplacencia, pero sí de reconocer que el escenario ha cambiado», afirma la vicepresidenta del Principado, Gimena Llamedo. «Durante años se instaló la idea de que Asturias estaba condenada a perder población y hoy los datos dicen otra cosa. La transformación demográfica no se produce de un día para otro, pero el camino ya está iniciado y es sólido».

¿Qué recetas políticas han podido ayudar a ese cambio? «Hemos entendido que el reto demográfico no es solo una cuestión de números, sino de proyectos de vida», responde Llamedo. «Por eso trabajamos desde varios frentes: educación gratuita desde las primeras etapas, apoyo a la natalidad, fiscalidad favorable para las familias, impulso al medio rural y servicios que garantizan igualdad de oportunidades vivas donde vivas», expone.

Ayudas a la natalidad. Van 6,8 millones repartidos, deducciones al margen
Datos para ese relato. Desde 2023 van repartidos 6,8 millones en ayudas directas a la natalidad. En los concejos en riesgo de despoblación el primer hijo supone 2.200 euros y los demás, 1.700. En el resto el apoyo es de 1.200 euros al primer hijo y 1.700 los que vengan después.

Con dos hijos una familia es numerosa, pudiendo desgravarse 1.000 euros más del IRPF. La deducción por primer hijo subió a los 600 euros. A ello se suman la red de escuelines (gratuitas y públicas), la financiación a escuelas rurales (con tres alumnos), y la matrícula universitaria gratuita. La lista de factores que llevan a tener (o no) descendencia es amplia aunque en esto la estadística dejar un punto de esperanza: Sadei sitúa en 4.675 los nacimientos del pasado año, lo que supondría un incremento del 3% y rompería una racha de 17 años.

Promover la natalidad interna y facilitar la educación afianza a los que están y atrae a quienes se lo piensan. Lo sabe bien Adriana Arenas, nacida en México de padres asturianos. Al otro lado del charco creció, conoció pareja, inició una empresa, formó familia. Con la pandemia se vio con cinco niños en casa en D. F. y empezó a pensar en Asturias ya no como lugar de veraneo. «Escribimos al ayuntamiento y al colegio y nos lo pusieron todo muy fácil», relataba en el podcast ‘Nuevo destino: Asturias’. Acabaron trasladándose a Ruenes, parroquia con un centenar de vecinos. «Se adaptaron muy fácil. Todos los que viven aquí son gente grande y los tratan como si fueran sus abuelos, les regalan cosas», relataba. Abrir una empresa aquí para comercializar las prendas de tejidos reciclados que sigue produciendo en México «fue fácil, todos nos ayudaron».

Medio Rural. No se mudan por paisaje, sino por proyecto de vida
«El medio rural no puede verse como un territorio en resistencia, sino como un espacio de futuro», anima la vicepresidenta Llamedo. Además de incentivar la natalidad, la receta asturiana se compone de una lluvia de ayudas para que germinen fuera de las ciudades empleos de calidad. «Innovación, emprendimiento, agricultura y ganadería competitivas, conectividad y calidad de vida forman parte de una estrategia que busca que nadie tenga que irse por falta de oportunidades», abunda Llamedo.

El embrión de esta política está en el Living Lab Asturias Rural (Llar), espacio para ensayar soluciones tecnológicas y nuevos modelos de innovación. De él surgió ahora el Centro de Innovación Territorial (CIT), conveniado con el Ministerio para la Transición Justa. Desde este centro se vienen impulsando, con 480.000 euros, una concentración parcelaria en Moal (Cangas de Narcea), un centro de innovación de cuchillería (en Taramundi) y una quesería con vivienda en Amieva. Este año cuenta con 600.000 euros para nuevos proyectos.

Con 900.000 euros de Fondos de Cohesión Territorial hay tres iniciativas en curso. En Onís se va a transformar el antiguo centro de interpretación del queso Gamonéu, que estaba abandonado, en un espacio de innovación e investigación quesera. En Illano se importa una solución que ya funcionó en Teruel: crear un bar-tienda que a su vez funcione como entidad bancaria. En Tapia de Casariego se rehabilitará un obrador que facilite la inserción social y laboral de personas con algún tipo de discapacidad o riesgo psicosocial, y que a su vez aproveche excedentes agrícolas.

La lluvia de ayudas incluye mejoras a pequeña escala, como dotar a Asiegu (Cabrales) de una plaza en la que las distintas generaciones puedan compartir espacio, a Pesoz de una bodega comunitaria que recupere la tradición vitícola y acondicione viviendas en San Tirso de Abres.

«La gente no se muda por paisajes, se muda por proyectos de vida», repiten en el Principado. De ahí que su receta incluya una red de centros de formación y trabajo compartido con buena conexión digital; Coaña, Illas, Cangas del Narcea, Castropol y Cudillero tendrán así los primeros cinco coworking de una red denominada Rural Connect.

Es una medida atractiva para casos como el de Sebastián Marín Fernández. Almeriense, emigró a Londres y allí una asturiana le encandiló y le descubrió El Franco. Es aparejador y tras la pandemia empezó a plantar a sus clientes trabajar en remoto, desde Asturias. «Las empresas no necesitan tener concentrados a todos en el mismo sitio delante de un ordenador», relató. Teletrabajando desde El Franco atiende ahora a empresas que tiene a miles de kilómetros.

La receta asturiana se completa con la Oficina del Retorno (que sumaba 800 solicitudes de infromación), las ayudas al regreso para emigrantes (de las que se han beneficiado 210 asturianos a los que llegaron 693.000 euros) y una Ley de Impulso Demográfico que permite priorizar recursos en los concejos en peor situación y obliga al resto de normas que vienen detrás a medir si ayudan o no a atraer población.

Llamedo se muestra optimista con el resultado. «Hemos dejado atrás el fatalismo. Avanzamos sabiendo que el reto demográfico es complejo, pero convencidos de que hoy estamos mejor preparados que hace una década para afrontarlo».