Historia. Lo que en 1920 nació como el sueño del indiano Ramón Álvarez de Arriba para profesionalizar el campo asturiano, es hoy el CTIC RuralTech, en funcionamiento desde 2004

SORAYA PÉREZ

En el corazón de Villaviciosa, el valle de Peón se ha convertido en un ecosistema único en Europa. Lo que en 1920 nació como el sueño de un indiano, Ramón Álvarez de Arriba, para profesionalizar el campo asturiano, es hoy el CTIC Rural- Tech, un centro tecnológico nacido en 2004 donde la computación cuántica y la inteligencia artificial no se guardan en laboratorios, sino que se prueban en el campo. Bajo la dirección de Pablo Coca, este centro se ha erigido como el ‘vecino tecnológico’ de una comunidad que ha sabido integrar la vanguardia digital en su identidad. «La aldea es el átomo del sistema rural», afirma Coca, subrayando que cualquier solución al reto demográfico pasa inevitablemente por la tecnología. Con un equipo de 75 profesionales –15 de ellos instalados permanentemente en Peón–, el CTIC gestiona actualmente 12 proyectos estratégicos que buscan transformar la vida en el campo.

La infraestructura del centro es, en sí misma, una revolución. El valle de Peón, con sus 40 kilómetros cuadrados, funciona como un laboratorio vivo. Está totalmente sensorizado mediante una red de internet que monitoriza desde el estado de las pomaradas y huertas hasta los recursos hídricos y las estaciones de monte. Estos datos alimentan proyectos como Freskia, un algoritmo de inteligencia artificial que, gracias a la computación cuántica, identifica enfermedades en plantas de fresa con diez veces menos imágenes que los métodos tradicionales. Pero la tecnología de CTIC RuralTech no solo mira al suelo, también al ganado. Uno de sus éxitos más visibles es el sistema de collares de vallado virtual. Probados con éxito en Somiedo y transferidos a territorios como Lérida, estos dispositivos permiten a los pastores gestionar sus rebaños desde el teléfono móvil, eliminando la necesidad de vallas físicas y ahorrando horas de desplazamiento diario. «Damos herramientas para que la actividad sea rentable y mejore la calidad de vida», explica Pablo Coca.

6,4 millones de euros

A nivel económico, el CTIC demuestra una robustez creciente. Con un presupuesto de 6,4 millones de euros en 2026 y un crecimiento anual del 15%, la entidad es el principal captador de fondos europeos (Horizonte Europa) para proyectos de I+D en Asturias. Entre sus líneas actuales destaca la colaboración con el Ministerio de Agricultura para el estudio de la salud del suelo y la coordinación de espacios de datos agroalimentarios a nivel europeo. Sin embargo, el impacto más profundo es el social. La integración del centro con los vecinos de Peón, Arroes y Candanal fue clave para que el valle fuera distinguido como Pueblo Ejemplar de Asturias en 2023.