Historia. En el año 1914, Eduardo Hernández Pacheco, catedrático de Geología de la Universidad Complutense, confirmó la presencia de arte rupestre en sus galerías
SORAYA PÉREZ
La Cueva de la Peña, enclavada en el concejo de Candamo, en el pueblo de San Román, es mucho más que una simple gruta; es uno de los santuarios del arte paleolítico más importantes de toda la cornisa cantábrica. Su historia es un relato de hallazgos, reconocimiento científico, deterioro y, finalmente, protección como patrimonio mundial.
Aunque era conocida por los habitantes locales desde mucho antes, posiblemente desde el siglo XIX, el reconocimiento científico de su valor incalculable llegó en 1914. Este hito se atribuye a una doble exploración: por un lado, la de Eduardo Hernández Pacheco, catedrático de Geología de la Universidad Complutense, y por otro, la del conde de la Vega del Sella, destacado prehistoriador. Ambos confirmaron la presencia de arte rupestre en sus galerías.
Tras este descubrimiento crucial, fue Pacheco quien se encargó de la investigación formal y la publicación de la cueva en 1919, una monografía que se convirtió en una de las referencias más completas sobre el arte paleolítico de la región, abarcando periodos tan significativos como el Magdaleniense.
El valor artístico e histórico de la cueva fue reconocido oficialmente en 1942, cuando fue declarada monumento nacional. Sin embargo, este reconocimiento no evitó que la gruta sufriera un grave deterioro tras ser acondicionada para las visitas y el turismo. El impacto de los visitantes, sumado a la fragilidad del ecosistema subterráneo, provocó que las pinturas y grabados sufrieran daños significativos. Esta situación llevó a una decisión drástica: la cueva fue cerrada al público en 1980 para iniciar estudios urgentes de conservación y permitir que su equilibrio interno se recuperara.
Patrimonio de la Humanidad
Tras más de una década de reposo y cuidadosos trabajos de restauración y análisis, la Cueva de la Peña de Candamo pudo reabrir sus puertas a finales de los años 90 del siglo pasado. Este proceso de conservación fue fundamental para asegurar su legado, que permanece hasta el día de hoy y es motivo de admiración. Aunque el reconocimiento definitivo a su valor universal no llegó hasta 2008, cuando la cueva fue incluida en la prestigiosa lista del Patrimonio de la Humanidad de la Unesco, como parte del conjunto de cuevas prehistóricas de la región.
Actualmente, la Cueva de la Peña de Candamo no solo es un testimonio vital de las primeras expresiones artísticas humanas en Europa, sino también un ejemplo de la necesidad constante de equilibrar el acceso cultural con la protección estricta de nuestro patrimonio más antiguo.
Hoy en día, sigue siendo uno de los mayores atractivos turísticos que posee el municipio.
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