Foto: La cueva de Arbedales, en Castrillón / Marieta
Historia. La gruta fue descubierta en diciembre de 1963, de manera totalmente fortuita, por Manuel del Busto. Hoy en día funciona como un museo de historia natural en Castrillón
SORAYA PÉREZ
La historia de la Cueva de Arbedales comienza de manera fortuita en la década de los sesenta del siglo pasado. Específicamente, se sitúa en diciembre de 1963, cuando Manuel del Busto la descubrió. Este hallazgo no fue el resultado de una exploración planificada, sino de uno casual que reveló un mundo subterráneo latente bajo la superficie. Para hacer accesible este patrimonio natural al público, fue necesario un esfuerzo posterior para abrir una entrada artificial en la base de la montaña, lo que permitió a los visitantes adentrarse en sus profundidades.
El interior de la gruta revela un pasado geológico remoto. La formación de la cueva es el resultado de la lenta y persistente acción del agua de lluvia sobre la roca caliza a lo largo de los años. Este proceso ha dado lugar a un «laboratorio oscuro, silencioso, eficaz y permanente» donde los cristales de carbonato cálcico se depositan a un ritmo extremadamente lento, apenas un centímetro cúbico por siglo. El resultado de esta paciencia geológica son las espectaculares formaciones que allí se pueden observar: estalactitas, estalagmitas y formaciones rocosas que adornan sus vastas cámaras.
Al acceder a la sala mayor, los visitantes descubren que antiguamente ésta fue un lago subterráneo. Los niveles fluctuantes de este movimiento de agua dejaron marcadas formaciones conocidas como gours, destacando especialmente la belleza de la bautizada como La Costa Verde. La cueva es famosa por la riqueza y singularidad de sus espacios, entre las que se encuentran otras maravillas naturales bautizadas por sus descubridores, como La Cascada de Algas, La Pagoda del Diablo y la evocadora La Adoración de los Reyes Magos. Estas estructuras confirman que Arbedales es considerada una formación natural única en el mundo.
Museo de historia natural
Actualmente, la cueva de Arbedales opera como una propiedad privada que, a pesar de no recibir subvenciones públicas, ofrece una experiencia turística y cultural inolvidable. Con una superficie accesible de 600 metros cuadrados, distribuida en varias salas, la cámara principal alcanza unas dimensiones notables de 35 por 50 metros. Hoy en día, la cueva funciona como un Museo de Historia Natural, permitiendo a miles de visitantes cada año explorar y aprender sobre los procesos geológicos que han esculpido este rincón de Asturias. La historia de Arbedales es, por tanto, un relato de descubrimiento accidental, paciencia natural y la conservación privada de un legado milenario.
Esta joya del concejo de Castrillón es uno de los lugares más visitados por los turistas cada año. Su belleza y singularidad provocan gran fascinación.
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