JOSÉ SÁNCHEZ. ALCALDE DE CABRALES – 1.913 HABITANTES
«No podemos pretender que los ganaderos y los queseros de Cabrales vivan como se vivía aquí en el siglo XVIII»

OCTAVIO VILLA

Carreña de Cabrales. Directo y contundente, José Sánchez (Oviedo, 1968) pasaba los veranos de la primera infancia en el Inguanzo paterno. Estudió Minas, trabajó en la distribución de productos agrícolas, proyectó una ganadería de ovino y tuvo una casa de turismo rural en Pandiello hasta 2019. Ahora se dedica en pleno a las labores de la Alcaldía, con un conocimiento multifactorial de los sectores productivos de Cabrales por propia experiencia. Con el conflicto de la planta de biogás encima de la mesa, hay cosas que le quitan más el sueño, como el problema de la disponibilidad de inmuebles para quienes quieren trabajar en Cabrales.

– Le veo preocupado por la falta de vivienda en Cabrales.
– Sí. Alrededor de la mitad de las casas están sin uso. Es un problema de muchas zonas rurales, por temas de herencias sin repartir, emigración, ruina… Sale uno del Ayuntamiento y ve tres casas que podrían estar perfectamente habitadas. Los dueños no quieren vender, o no hay forma de repartir la herencia y poner la vivienda en el mercado…

– ¿Y qué se puede hacer?
– Desde el Ayuntamiento la única alternativa que tenemos es crear vivienda pública en alquiler protegido en las Escuelas de Asiego (dos) y en las de Sotres (otras dos). Cuatro viviendas no solucionan mucho, pero sería poner las bases para hacia dónde queremos dirigirlo. No tenemos suelo público para prácticamente ninguna de las actividades de las que tenemos carencias, con lo cual cada vez que vamos a comprar o preguntar por terreno público o terreno privado para poder comprar y poder desarrollar proyectos, se encarece todo muchísimo porque la gente debe pensar que el Ayuntamiento hace billetes, pero no es así.

– Dice que falta suelo. ¿Eso está detrás también de la problemática de la ubicación de la futura central de biogás?
– Se la puede ubicar en pocos sitios del concejo. Entiendo la preocupación de todo el mundo y la problemática que existe, pero esto no ha sido una decisión tomada aleatoriamente por el alcalde. No hay muchos sitios en Cabrales para construir prácticamente nada. El único suelo catalogado como industrial agrícola es donde se pretende instalar la planta.

– ¿Sin alternativa posible?
– El Ayuntamiento no es que sea pobre, pero tampoco rico. Además, tenemos unos precios tasados de lo que podemos pagar, que pueden variar un poco, pero no lo que a veces te piden por las fincas. Y también nos falta suelo para vivienda, para industria y para un área de autocaravanas. Además, estamos en 2025, y los queseros y ganaderos deberían llevar años gestionando sus residuos. Cambiar la ubicación nos obligaría a recalificar terrenos, modificar normas subsidiarias y nos llevaría un tiempo del que no disponemos.

– ¿Los ganaderos no están dispuestos a otras opciones, como tener una pequeña depuradora?
– No es tanto el problema de los purines, y en eso hay que tener en cuenta que Cabrales es todo vertical y la UE no deja regar en pendientes superiores al 20%, ni a menos de 200 metros de una casa o a menos de 50 de un río, una fuente o una riega. Pero lo más importante es el suero, que es el residuo de nuestra actividad principal, la quesería. Y que tiene una peor solución, porque no tendrá tanto olor, pero contamina mucho más.

– Y eliminarlo encarece el queso.
– Mucho. Hay queseros que están pagando por mandar el suero a Navia y eso supone un sobrecoste de entre 9.000 y 12.000 euros al año para los queseros. Antiguamente había una granja de cerdos en Peñamellera Alta que se llevaba parte del suero, pero ya no está. Además, si lo usas en alimentación animal el suero tiene que tener trazabilidad, y eso lo complica todo un poco.

– ¿Entonces?
– Lo único que pretendemos es lo mismo que se hizo en estos últimos años con el tema de depuradoras para que mejoraran los ríos con el tratamiento de los residuos humanos, con el exceso de población que tenemos y la contaminación. Ahora mismo habrá que echar una mano a los queseros y los ganaderos para que también puedan gestionar sus residuos. Lo que no podemos es mirar para atrás y decir que si no hubieran hecho fosas de purín y hubieran hecho estercoleros, pues ahora sería más fácil de gestionar el estiércol que el purín. Pero es que ya no hay vuelta atrás. Tenemos lo que tenemos. Si es que si los queseros en vez de hacer 300.000 kilos de quesu al año hicieran 120.000, pues igual había menos suero que gestionar y se podría… Pero es que por suerte el quesu se vende. Un quesu de excelente calidad que tiene un mercado muy potente y por suerte tenemos gente viviendo de la venta de quesu. Entonces hay que buscar soluciones y tienen que ser soluciones cercanas.

– Con el quesu se le empiezan a ver las orejas al lobo. Falta leche en Cabrales.
– No es fácil tener una ganadería de leche en Cabrales. Tenemos las fincas que tenemos, tenemos la superficie que tenemos, tenemos los aprovechamientos que tenemos. Las ganaderías de leche son ganaderías muy delicadas. No puedes andar jugando mucho con las vacas. Antiguamente, cuando la gente tenía unas vacas cruzadas que eran buenas de leche, buenas de carne, por el verano te las tirabas al monte, por el invierno te aguantaban las nevadas. Nos fuimos especializando. El problema que tiene esta vida moderna es que parece que tienes que ser especialista en algo. Ahora el que hace leche hace leche y tiene que hacer la mejor leche con las mejores vacas, y el que hace quesu quiere que esa leche sea buena para tener mejor quesu y poder venderlo. Tenemos también aparte el problema del relevo generacional en el medio rural en general y aquí es también muy marcado, en las queserías y las ganaderías.

– ¿Y aún dicen que el quesu es caro?
– El de la leche es un problema genérico de todo el medio rural. La falta de… no sé, creo que de cariño hacia el medio rural por parte de la gente de ciudad. No aprecian lo que hace la gente aquí. Y se está perdiendo el saber popular, que no está en ningún museo. Desde las innovaciones que se fueron haciendo hasta la toponimia, que la estamos perdiendo. Antes, cada piedra, cada recodo del camino tenía un nombre y lo tenía por algún motivo. Y el problema es que va a ser muy difícil de recuperar porque la gente que nos tenía que contar por ley de vida nos está desapareciendo.

– Falta cariño hacia el medio rural y aprecio por lo que hace.
– Sí. Si la gente viera que el trabajo que lleva hacer un cabrales se daría cuenta de lo que es caro y barato. En el cabrales, por suerte, todos los presidentes que hubo en el Consejo Regulador apostaron siempre por la calidad. De hecho, el cabrales fue evolucionando. Yo creo que hacia un buen quesu.

El Parque Nacional
– La relación de los cabraliegos con el Parque Nacional ha sido conflictiva históricamente.
– No con la realidad geográfica del parque, sino con la institución. Siempre ha sido de amor odio, porque el parque genera muchas cosas positivas, pero también te pone muchas limitaciones. Aquí ha habido dos o tres armas de confrontación política: el Parque Nacional, el lobo y el funicular o teleférico al Cuetón, que cada cuatro años aparecen. Yo me he referido al teleférico como animal mitológico que aparece cada cuatro años. A ver, es un Parque Nacional, lo que implica ciertas restricciones. Pero la propia institución no acaba de entender que este no es un parque nacional al uso. Somos un parque nacional habitado. El único con pueblos dentro. Si Pedro Pidal levantase la cabeza y pudiera ver el Parque Nacional de la montaña de Covadonga, que fue el que creó él y luego su ampliación a Picos de Europa, no lo conocería. Porque el paisaje cambió, porque los usos cambiaron, porque las formas de gestionar el manejo del ganado, el manejo del propio monte está cambiando y estamos yendo hacia otro tipo de paisaje. ¿Qué hace que esa protección tan estricta y sin darse cuenta de que son los propios habitantes del parque, los que hicieron el parque, merecedor de esa distinción?

– Suena igual que lo que dicen los ganaderos sobre las restricciones a su actividad y la consecuencia en incendios forestales.
– A veces hacemos unas restricciones a mayores que no tienen mucho sentido. Eso también hace que la gente se cabree. Por mover una teja se piden 80 papeles o informes. Si alguien está arreglando una cabaña, es que necesita la cabaña. + No podemos pretender que los ganaderos sigan viviendo como en el siglo XVIII. Hay que darles facilidades, dejarles que pongan una placa solar para que carguen el móvil o puedan tener una nevera, que puedan poner una traída de agua. Hay que dejarles que tengan una pequeña chimenea por si un día de niebla se tienen que quedar a dormir en la cabaña que se puedan calentar. Eso no hace menos parque al Parque Nacional. Al contrario, favorecería que el uso que siempre tuvo esta montaña se siguiera manteniendo y ahora lo único que estamos consiguiendo es que la gente se vaya por aburrimiento.

– Y ese abandono del parque tiene consecuencias negativas.
– Pues sí. Los prados de siega ya no se siegan. Los de siega y diente ahora ya son sólo de diente. Y peor aún, ya son de nada, son arbolados porque ya no queda reciella. Veo fotos de hace 120 años de lo que ahora es parque y no hay prácticamente árboles.

¿Por qué? Porque la gente necesitaba la leña. Para comer todos los días, necesitaban leña. Para los aperos, necesitaban leña. Para hacer los arnios, necesitaban leña. Para hacer las talameras, necesitaban madera. Tenían un uso el monte. Ahora ya no hay gente que haya aprovechado el monte. Entonces al final el monte en un momento dado se puede quemar y lo tenemos muy cerca delos pueblos y es una bomba de relojería, como acabamos de ver este mismo mes. No entiendo a quienes hablan de asalvajar la naturaleza. La naturaleza siempre estuvo controlada, y ahora las sendas se pierden, los nombres se pierden, las cabañas se caen, las fuentes ya no aparecen porque nadie las limpia ni las cuida. Antiguamente la gente las cuidaba. En primavera, antes de subir el ganado para los puertos de verano, la gente de los pueblos subía y iba arreglando los caminos y limpiaban los bebederos y miraban a ver si los manantiales estaban bien. Eso ya no se hace.

 

SU LUGAR ESPECIAL

La Casa Bárcena
Señora de todo Carreña desde su loma, la Casa Bárcena domina la capital cabraliega desde los inicios del siglo XVII. Hoy, rehabilitada con gusto y abierta al visitante, es por sí misma todo un gozo arquitectónico y artístico. Además, acoge el centro de interpretación del arte rupestre de La Covaciella, pequeño, pero con una magnífica reproducción de sus pinturas. José Sánchez enseña con orgullo la casa, que también alberga una deliciosa biblioteca y una sala de arte.