JOSE ANTONIO FALCAO. DIRECTOR GENERAL DEL FESTIVAL TERRAS SEM SOMBRA
«Hay que conservar los oficios tradicionales por su valor patrimonial, para no perder nuestra identidad y por la cohesión entre generaciones»

OCTAVIO VILLA

Gijón. Asturias ha sido este año la protagonista invitada del Festival Terras sem Sombra, con la presencia y las actuaciones de la Orquesta de Cámara Solidaria (Ocas). Se trata de una iniciativa que pasa ya de las dos décadas poniendo en valor todos los recursos culturales e históricos de la región lusitana del Alentejo, y cuyos responsables apuestan ahora por avanzar en el hermanamiento con Asturias, al punto de que se proponen que el próximo año haya parte de sus actividades en el Principado.

El Alentejo (‘Más allá del Tajo’, significa su nombre, rememorando siglos de conquista cristiana del sur de la Península) es fundamentalmente plano e interior, con muchas similitudes con Extremadura o Castilla-La Mancha. Pero sufre problemas similares a los de Asturias en lo demográfico: población muy envejecida, casi el triple de defunciones que de nacimientos, vaciamiento del campo, etcétera. Pero pese a estos inconvenientes, el Alentejo está conservando con orgullo su patrimonio con iniciativas como el Festival Terras sem Sombra, organizado por la Asociación Pedra Angular. Desde 1996, promueve el cuidado y la difusión del patrimonio ambiental, cultural y científico del Alentejo, con especial atención a monumentos, paisajes, museos, bibliotecas, archivos, galerías y bienes culturales intangibles, desde la música tradicional a la gastronomía. Todo ello contribuye de forma muy evidente a la internacionalización como destino turístico de este territorio y en la propia autoestima de los alentejanos. José António Falcão es, por compromiso personal con el Alentejo, el director general del festival. Se trata de una labor que ha sido reconocida en Portugal con numerosos galardones, y también a nivel de la Unión Europea con el Premio Europa Nostra para la Salvaguarda del Patrimonio Cultural.

– Terras sem Sombra nace en 2003 para conservar y recuperar el uso de edificios de la Iglesia mediante su empleo para eventos culturales. ¿Hasta qué punto se ha conseguido ese fin?
– Se han obtenido resultados interesantes, ya que la gran mayoría de los conciertos se celebran en monumentos históricos del Alentejo, no sólo iglesias, sino también palacios, castillos y teatros). El festival ha contribuido a dar nueva vida a un patrimonio a veces olvidado y ha supuesto una importante aportación a la conservación, el estudio y la valorización de estos bienes culturales. Últimamente se han celebrado espectáculos, muy concurridos, también en otros lugares emblemáticos desde el punto de vista arquitectónico, lugares vinculados a la contemporaneidad, que conforman el nuevo patrimonio. Es el caso del Lagar do Marmelo, en Figueira dos Cavaleiros, una extraordinaria obra de la arquitectura industrial de nuestros días, proyecto de Ricardo Bak Gordon. Organizamos conciertos en su sala de máquinas, entre grandes depósitos llenos de aceite de oliva de primera calidad (el Alentejo produce el 75% del aceite de oliva portugués), ese oro líquido que reacciona muy bien, desde el punto de vista acústico, a la música vocal e instrumental.

Contra una sociedad amnésica

– Dan mucho valor a la conservación y promoción de los oficios tradicionales, como el de luthier y otros. ¿Qué se consigue con eso, desde el punto de vista socioeconómico?
– Nos preocupa la amnesia en la que está sumiéndose la sociedad, relegando conocimientos y profesiones a un limbo, como si la tecnología fuera la solución para todos los problemas. Es fundamental garantizar la supervivencia de estos oficios y prácticas tradicionales, no sólo por una cuestión patrimonial, de salvaguarda cultural, sino también porque, en muchos casos, son pilares de la sostenibilidad de los territorios. Si olvidamos la cohesión entre generaciones, si despreciamos las enseñanzas de quienes nos precedieron, corremos el riesgo de perder nuestra identidad y, a continuación, perdernos a nosotros mismos.

– Pues las actividades de divulgación del patrimonio cultural del festival de este año han ‘vendido todo el papel’…
– Afortunadamente, se empieza a observar un movimiento pendular de retorno a ese legado, pero, mientras tanto, pueden producirse peligrosas rupturas. Hay que explicar a los más jóvenes el arte de saber escuchar, la importancia de la transmisión, de boca en boca, de mano en mano, de un ‘savoir faire’ que marca la diferencia. Una comunidad equilibrada y robusta conoce su pasado y lo utiliza para construir su futuro de manera sostenible.

– Terras sem Sombra le da una gran importancia a la participación del público, algo que parece trasladarse luego a la vida diaria del Alentejo, con bibliotecas muy utilizadas y festivales y ferias literarias. ¿El habitante del campo es más culto que el de la ciudad?
– El público y los territorios constituyen la razón de ser de nuestro proyecto, que se centra esencialmente en regiones de baja densidad, donde hay pocas oportunidades de escuchar en directo música culta, lo que comúnmente se denomina música clásica. Hoy las fronteras tradicionales entre la ciudad y el campo se han difuminado debido a los nuevos medios de comunicación y, no lo olvidemos, a la presencia de muchos neorurales. Vivir en el campo proporciona autonomía, calidad de vida, tiempo para uno mismo y para los demás. El habitante de las grandes ciudades tiene acceso a una inmensa gama de posibilidades, a una programación superabundante, pero a menudo le falta la oportunidad de disfrutarlas. El habitante del medio rural, además de poseer, en general, una cultura arraigada en la tierra –en este sentido, suele ser más culto, menos superficial–, revela una apertura diferente hacia los demás. La cultura de masas no se adapta bien a la escala humana y tiene los días contados. En el medio rural, la cultura adquiere un sabor diferente.

– También tienen en marcha el proyecto Aldeagar, con anfitriones en cada pueblo, que muestran a los visitantes lo fundamental que hay que ver de patrimonio, costumbres e historia del lugar.
– Está teniendo muy buena acogida, porque los interlocutores son personas locales que presentan con generosidad y de forma genuina sus tierras. Esto propicia momentos de encuentro y de valioso diálogo. Es un hermoso instrumento contra la uniformidad que nos quieren imponer desde fuera o desde arriba. También representa un antídoto contra la soledad. Para que funcione, hay dos secretos: saber encontrar guías adecuados, que digan la verdad sin perder la capacidad de transmitir sus propias emociones y que estén dispuestos a acoger a quienes llegan, y saber conservar la autenticidad de una relación personal, lo que implica interacción. No se trata de impartir conocimientos, sino de compartirlos.

Falcão, ante la torre del homenaje de la muralla de Beja. / O. V.

Falcão, ante la torre del homenaje de la muralla de Beja. / O. V.

– Llama la atención que se puedan establecer paralelismos entre una región de condiciones como el Alentejo (básicamente plano, viticultor, olivarero y cerealista) y Asturias.
– Son territorios eminentemente rurales, pero con importantes núcleos urbanos y tradiciones agropastoriles, pesqueras y mineras. Estas regiones comparten diversos problemas similares. Además, conservan una fuerte identidad y se sienten orgullosas de ella. Lo sentí, por ejemplo, al visitar el Muséu del Pueblu d’Asturies, en Gijón. Es evidente que existen puentes para un trabajo común.

 

El papel de los inmigrantes

– Ambas regiones comparten un problema demográfico, aunque el Alentejo tiene ya una experiencia en la recepción de inmigrantes que Asturias está empezando a tener ahora. ¿Qué recomendaciones nos haría como sociedad?
– La presencia de inmigrantes, sin duda relevante para el desarrollo de territorios de baja densidad, como el Alentejo, requiere una organización previa, no puede dejarse al azar o a los intereses de algunos sectores, como ha ocurrido recientemente (y, tal vez, aún ocurra). Es muy importante la llegada de familias, no sólo de individuos aislados, así como la escolarización de los niños y jóvenes y la formación profesional de los adultos. Hay excelentes colaboradores procedentes de otros países que pueden ayudarnos mucho, incluso por las diferentes experiencias que traen consigo. El aprendizaje del idioma y el conocimiento de las peculiaridades de la región de acogida, además de la existencia de mecanismos de integración y mediación, son otros factores decisivos. También hay que tener en cuenta la capacidad de acogida, desde el punto de vista de las infraestructuras de vivienda, salud, educación, apoyo social, etcétera, so pena de crear situaciones difíciles. No se trata de ‘inventar la rueda’, sino de estudiar casos de éxito, que han dado buenos resultados en otros territorios, como Canadá.

– La planicie alentejana es un terreno fértil en su mayoría, que está siendo empleado casi al 100% para cultivos y ganadería (llama la atención el desarrollo del olivo). ¿Cómo se consigue esa reactivación del campo, cuáles son las claves en su caso?
– Esta región cuenta con condiciones excelentes para una agricultura y ganadería modernas, basadas en el conocimiento científico y el uso de tecnologías punteras. Se está dando el siguiente paso, también fundamental: la creación de agroindustrias avanzadas que permitan desarrollar la incorporación de valor añadido en el aprovechamiento de los recursos regionales.

– También hay riesgos en eso.
– Sí, hay que actuar con cierta noción de equilibrio del territorio en su conjunto, ya que existen riesgos ambientales y sociales que hay que tener en cuenta. Uno de ellos, clásico en proyectos que valoran en exceso el extractivismo, tiene que ver con la escasez de recursos hídricos. Personalmente, también me preocupan los contratiempos que pueden derivarse de ciertos monocultivos que están de moda. Tenemos la responsabilidad de contribuir a la alimentación del país y de Europa, pero esto no puede hacerse a cualquier precio. Es preocupante la especulación creada por los fondos de inversión que hoy están aquí y mañana pueden abandonarlo todo, dejando el suelo en una situación difícil, como ocurrió hace unos años con el milagroso capital aportado por Thierry Roussel en Odemira. Algo abominable. (En los años 80, creó unas 550 hectáreas de cultivo de fresa en invernadero, muy intensivo, que fracasó. Roussel salió de Portugal dejando deudas multimillonarias y dichas 550 hectáreas inutilizables por el exceso de agroquímicos).

Las «élites ‘bienpensantes’»

– La apuesta de Terras sem Sombra es de ‘abajo’ hacia ‘arriba’, la crean los propios ciudadanos, no las instituciones.
– Sí, somos una organización de la sociedad civil, algo que no es muy habitual en Portugal, pero que se basa en un principio de servicio público. En 2025 conseguimos volver a obtener el apoyo del Estado, tras varios años sin él. Cuando el Estado estuvo ausente, siempre contamos con municipios e instituciones locales muy comprometidos con la cultura. La sociedad alentejana reconoce la labor realizada por el festival en pro de la descentralización del acceso a la música, el patrimonio y la ciencia en un país que es bastante macrocefálico desde esos puntos de vista. La inexistencia de una auténtica regionalización agrava la brecha entre Lisboa o Oporto y el país real, que las políticas públicas en el ámbito de la cultura, diseñadas para las élites ‘bienpensantes’ de las grandes ciudades, suelen ocultar. Luchamos cada día contra esta situación, todos tienen derecho a la música y a la cultura, al igual que tienen derecho a la salud, la vivienda, la educación o la justicia.

 

«Asturias y el Alentejo están mucho más cerca de lo que pueda parecer»

– Terras sem Sombra ha invitado este año a la Orquesta de Cámara Solidaria de Asturias. ¿Qué tal ha sido la experiencia?
– Notable. La Ocas trajo a Beja un programa de gran calidad y ofreció una ejecución absolutamente exquisita, bajo la dirección artística de su director titular, Manuel Paz, músico de gran talento. Una ola de entusiasmo se apoderó del Teatro Municipal Pax Julia, la sala más importante del Bajo Alentejo, que estaba abarrotada de gente. Al final del espectáculo, nadie quería marcharse. Fue un verdadero honor acoger a este grupo asturiano, que convierte la música en una causa global, llena de humanismo y talento. Queremos que este acercamiento continúe.

– El festival alentejano vendrá a Asturias en 2026. ¿Por qué y con qué contenidos?

– Nos encantaría dar a conocer la historia, el arte y la naturaleza del Alentejo a nuestros amigos del Principado. Creemos que el Cante Alentejano, Patrimonio Cultural de la Humanidad, puede ser un excelente pasaporte para ello. Pero queremos explorar otras facetas de nuestro patrimonio común, entre ellas las tradiciones musicales relacionadas con el pastoreo y las labores agrícolas, las prácticas de la pesca artesanal o las costumbres y tradiciones de los antiguos mineros. Estamos mucho más cerca de lo que puede parecer a primera vista.

– ¿Qué deben aprender Asturias del Alentejo y viceversa?

– Tenemos mucho que aprender de Asturias, sobre todo en lo que se refiere a la transición de las sociedades rurales hacia los grandes retos del mundo actual, sin olvidar la reindustrialización. Es fascinante observar de cerca las transformaciones que se están produciendo en el Principado. Hay mucha inteligencia y sensibilidad detrás de muchas de ellas, superando las limitaciones de una geografía nada fácil, lo que me parece maravilloso. En cuanto a lo más valioso que se puede aprender en el Alentejo, creo que hay algunas cosas dignas de mención, pero elegiría, entre todas, la pasión por la tierra. Pero esto es algo que los asturianos poseen en grado superlativo.