JACOBO BLANCO. SOCIÓLOGO ESPECIALIZADO EN POBLACIÓN
«Todos los concejos asturianos tienen saldo vegetativo negativo, es decir, mueren más personas de las que nacen»

SOROYA PÉREZ

Jacobo Blanco Fernández (Oviedo, 1967) es un sociólogo asturiano, colaborador de EL COMERCIO, especializado en población, territorio y política. En una entrevista con este periódico ofrece una visión amplia de la evolución demográfica en Asturias, tocando temas actuales como el despoblamiento, la inmigración, las oportunidades y los retos que enfrenta el medio rural.

–¿Cómo describiría la evolución demográfica de los pueblos asturianos en las últimas décadas?

–Las villas y los concejos asturianos han pasado por varias fases. Primero hubo una etapa de crecimiento, aproximadamente hasta los años 60 o 70, en la que aumentaba la población tanto de las villas como de sus concejos. Después se produjo una concentración de población en las villas, que crecían a costa del medio rural. Sin embargo, desde los años 90 o 2000, incluso esas villas comenzaron a perder habitantes y peso dentro del contexto asturiano. Hace unos 150 años, por ejemplo, Tineo era el segundo concejo más poblado de Asturias. Hoy ocupa una posición mucho más modesta, superado ampliamente por municipios como Gijón, Oviedo, Mieres, Langreo o Corvera.

–¿Cuáles son las principales causas de esa pérdida de población?

–Las causas son múltiples, pero destacan dos grandes procesos. Por un lado, la transformación del sector agroganadero. En Asturias se pasó de unas 100.000 explotaciones ganaderas a menos de 10.000, manteniendo niveles de producción relativamente similares. Las explotaciones actuales son más grandes, más productivas y están mucho más mecanizadas, por lo que necesitan mucha menos mano de obra. Por otro lado, está la crisis de la minería. Los municipios mineros han perdido aproximadamente la mitad de su población en las últimas décadas. En los años sesenta Asturias contaba con unos 70.000 mineros; hoy apenas quedan unos pocos centenares o, como mucho, alrededor de un millar incluyendo personal administrativo. La pérdida de empleo en agricultura y minería provoca además una reducción del comercio y de los servicios locales, generando un efecto dominó sobre la economía de estos territorios.

–¿Qué ocurrió con las poblaciones procedentes de Europa del Este que llegaron a Asturias para trabajar en la minería?

–No hay una respuesta clara sobre qué ocurrió con todos esos trabajadores. Muchos llegaron hace cuarenta años y ya se jubilaron hace tiempo. Algunos probablemente regresaron a sus países de origen y otros permanecieron en Asturias. En cualquier caso, la impresión es que su número real fue menor de lo que a veces transmitía la percepción pública. La noticia de la llegada de trabajadores extranjeros tenía mucho impacto mediático, pero no compensó el profundo proceso de declive que ya vivía la minería asturiana.

–¿La pérdida de población se ha concentrado principalmente en las zonas rurales?

–Sí, claramente. Durante décadas el crecimiento de población en Asturias se concentró en el área metropolitana central: Gijón, Oviedo, Llanera, Siero, Corvera y, en menor medida, Avilés. Sin embargo, desde aproximadamente 2022 se observa una novedad: algunos municipios que llevaban décadas perdiendo habitantes han comenzado a ganar población. Es el caso de Langreo, Mieres, Grado y algunos municipios de la comarca de la sidra. También ocurre en zonas turísticas como Cangas de Onís y en algunos concejos del occidente costero como Coaña, Vegadeo o Tapia de Casariego.

–¿Ese crecimiento reciente puede explicarse por la inmigración?

–Sí. El crecimiento actual se debe fundamentalmente a la inmigración. Todos los concejos asturianos tienen saldo vegetativo negativo, es decir, mueren más personas de las que nacen. El último concejo que mantuvo saldo vegetativo positivo fue Noreña, y eso terminó hace aproximadamente una década. Por tanto, cualquier crecimiento de población solo puede producirse mediante la llegada de nuevos residentes, especialmente inmigrantes extranjeros.

–Asturias sigue siendo una de las regiones más envejecidas de España. ¿Cómo interpreta esa situación?

–Asturias se encuentra entre los territorios más envejecidos del país, aunque algunas provincias de Galicia o Castilla y León presentan indicadores similares o incluso peores. Además, Asturias forma parte de una gran área de declive demográfico que se extiende aproximadamente desde la frontera con Portugal en León hasta Ayamonte, en Huelva. Se trata de una anomalía dentro de Europa occidental, ya que concentra algunas de las mayores pérdidas de población registradas en las últimas décadas.

–¿Se está produciendo realmente un retorno al medio rural tras la pandemia?

–Existe algo de retorno, pero en general se trata más de un mito que de un fenómeno demográficamente significativo. Hay personas que han adquirido viviendas en pueblos para residir parte del año o teletrabajar, pero su impacto es limitado. También existen algunos ejemplos de retorno de emigrantes o de jóvenes que estudian fuera y regresan posteriormente. Sin embargo, lo que realmente está sosteniendo la población rural es la llegada de inmigrantes extranjeros.

–¿Qué papel juega actualmente la inmigración en el medio rural asturiano?

–Es fundamental. La inmigración cubre necesidades laborales en sectores donde existe escasez de trabajadores locales, especialmente: Cuidados a personas mayores, ganadería y agricultura, construcción, reformas y mantenimiento de viviendas y otros servicios básicos. Se trata, en muchos casos, de empleos de cualificación media o baja que resultan esenciales para mantener la actividad económica de muchos municipios rurales.

–¿Cuáles son los principales retos que afronta hoy el medio rural asturiano?

–El principal reto es aprovechar mejor los recursos disponibles y generar más valor añadido. No basta con producir materias primas; es necesario transformarlas. Por ejemplo: no solo producir leche, sino elaborar quesos, yogures o postres lácteos. No solo recoger manzanas, sino producir sidras especiales o productos derivados. Diversificar las explotaciones con turismo rural, productos artesanales o actividades complementarias. También es importante fomentar la cooperación entre productores y empresas para ganar competitividad.

–¿Qué políticas podrían ayudar a fijar población en el medio rural?

–Puedo poner como ejemplo el llamado Plan Oscos-Eo, desarrollado hace unas cuatro décadas en el occidente asturiano. Este programa combinó inversión pública y privada para impulsar actividades económicas locales, mejorar infraestructuras y poner en valor recursos propios de la comarca. No consiguió revertir la pérdida de población, pero sí ralentizarla de forma significativa. Considera que este tipo de iniciativas podrían servir de inspiración para diseñar políticas adaptadas a los desafíos actuales del medio rural.

– ¿Es optimista respecto al futuro demográfico de Asturias?
–Moderadamente. Después de décadas marcadas por las crisis de la minería, la siderurgia, la construcción naval y la transformación de la agricultura, considero que Asturias ha atravesado ya gran parte de sus procesos más traumáticos. No creo que vaya a producirse una recuperación espectacular, pero sí pienso que la región ha tocado fondo y que ahora existen posibilidades de crecimiento o, al menos, de estabilización. El objetivo más realista no sería tanto recuperar toda la población perdida como reducir los desequilibrios territoriales y garantizar una distribución más equilibrada de la población para mantener los servicios y la actividad económica en el conjunto del territorio.

–En las jornadas de Demografía de Cangas del Narcea comentaron que habría que duplicar el número de nacimientos para mantener un equilibrio poblacional, incluso con inmigración positiva. ¿Solo la migración no es suficiente?

–No, la inmigración por sí sola no es suficiente. Para mejorar la situación demográfica no basta con confiar únicamente en el crecimiento natural, porque sería prácticamente imposible duplicar el número de nacimientos. La vía principal tiene que ser la inmigración, pero para atraer población hay que crear condiciones atractivas. No basta con ofrecer empleos vinculados únicamente a los cuidados de personas mayores o al trabajo ganadero. Es necesario generar empleos más interesantes, con mayor valor añadido, que permitan fijar población. También existen oportunidades en las sociedades de transformación agraria y en los cuidados a personas mayores, pero planteados de forma profesional y no amateur.

–¿La población envejecida de Asturias podría verse también como una oportunidad de emprendimiento?

–Sí. En lugar de interpretar el envejecimiento solo como un problema, también puede verse como una oportunidad. Es lo que se conoce como economía plateada o silver economy. El envejecimiento puede generar actividad económica vinculada a servicios, cuidados, salud, acompañamiento y nuevas iniciativas dirigidas a personas mayores. Sin embargo, esto no puede depender únicamente del gasto público, porque este tiene límites. Por eso es importante ampliar la base económica: crear empresas, generar servicios, mejorar la productividad y aumentar el valor añadido, no solo en el centro de Asturias, sino también en el medio rural.

–Además de las causas objetivas de la despoblación, como la pérdida de empleo, ¿existen causas subjetivas?

–Sí. Además de causas objetivas como la pérdida de actividad económica, la desaparición de empleo agrario o minero y la falta de oportunidades, también existen causas subjetivas. Durante mucho tiempo se ha valorado más la vida en las ciudades que la vida en los pueblos. Esa percepción también influye en las decisiones de la población. Las ciudades ofrecen más posibilidades de consumo y también mejores oportunidades profesionales. En las villas y pueblos las carreras profesionales suelen estar más limitadas, las empresas son más pequeñas y hay menos opciones para progresar.

–¿El foco para recuperar el medio rural debería ponerse en las villas?

–Sí. Las villas deberían ser el foco desde el que irradiar el desarrollo o la recuperación del medio rural. Las villas pueden funcionar como centros de actividad, servicios y población para articular el territorio rural.

«Lo rural no debe valorarse sólo en términos de producción»

– ¿Qué mensaje trasladaría a los jóvenes?
–Les diría que en los pueblos hay muchas personas con ganas de hacer cosas, aunque a menudo se encuentran con dificultades: normativas, falta de apoyo, incomprensión del entorno o cierta presión social para marcharse. Los jóvenes deberían preguntarse no solo qué puede hacer el pueblo por ellos, sino también qué pueden hacer ellos por su pueblo. Hay oportunidades en el emprendimiento, en el trabajo para empresas locales y en la puesta en valor de la calidad de vida. Muchas villas asturianas, como Cangas del Narcea, Luarca, Tapia, Tineo o Ribadesella, ofrecen vivienda más accesible, relaciones comunitarias más cercanas y una vida social y familiar más gratificante. No todo debe medirse en términos de producción y consumo. También hay que valorar la comunidad, la cercanía, la familia y la calidad de vida.

–¿Qué es lo que más le preocupa de la evolución demográfica de Asturias?
–Lo que más preocupa es el enorme vaciamiento del medio rural y la concentración de la población en el área metropolitana central. Ese desequilibrio dificulta la prestación de servicios públicos de calidad, porque en muchas zonas no hay masa crítica suficiente. Además, las distancias pueden ser vitales para acceder a un hospital, a un consultorio médico o a servicios de emergencia. En algunas zonas incluso hay que recurrir al helicóptero porque las ambulancias no llegan a tiempo. Ese vaciamiento del mundo rural, más allá de las villas, es en buena medida irreversible.

– ¿Habría que tener en cuenta también la población que ocupa los pueblos a tiempo parcial?
– Sí. Hay que pensar en la población a tiempo parcial. Muchos pueblos parecen vacíos entre semana, pero los fines de semana o en verano se llenan de personas que vuelven a la casa familiar, pasan unos días, hacen reuniones, parrilladas o vacaciones. Esa ocupación parcial también puede ser importante. Aunque no equivale a población residente permanente, puede ayudar a mantener vínculos con el territorio y, en algunos casos, favorecer futuros retornos, especialmente en la jubilación.

 

SU LUGAR ESPECIAL

Candás
Al sociólogo Jaboco Blanco le es muy complicado escoger, entre tantos lugares que le gustan de Asturias, uno que sea ‘su favorito’. Pero como bien explica, «si me veo obligado a escoger un solo lugar, diría que Candás». El motivo de su elección es muy sencillo de explicar. «Candás, porque es el pueblo de mi familia, y donde conservo grandes recuerdos». Para Blanco, Candás tiene sitios «con un valor sentimental y emocional muy fuerte, vinculados a buenas experiencias, recuerdos, vacaciones, ocio y disfrute». Y además añade que «los pueblos suelen ocupar un lugar muy especial en la mitología personal de cada uno».
No obstante, también siente un cariño especial por Oviedo, su ciudad natal y donde actualmente vive. Y Puerto de Vega, otro lugar de Asturias donde conserva recuerdos especiales.