Foto: El puerto deportivo se ubica junto a la rampa de la antigua barca, la de antes de que hubiera puente. / X. C.
Rupestre. La ubicación de Ribadesella la convierte en cruce de caminos desde la prehistoria, como atestiguan las excepcionales pinturas rupestres de la cueva de Tito Bustillo
OCTAVIO VILLA
El territorio que ocupa hoy Ribadesella es un cruce de caminos desde muy antiguo, como atestiguan las pinturas rupestres de la cueva de Tito Bustillo, en la que durante al menos 23.000 años (desde hace 33.000 hasta hace unos 10.000) los sucesivos pobladores de la zona han querido dejar su huella en la forma de algunas de las obras de arte más magníficas de la prehistoria. Esta larguísima prueba que la zona fue constantemente usada y poblada tanto en periodos glaciares como en los intermedios (con la línea de costa más o menos lejos de la cueva, en función del nivel global de hielos en el planeta).
Rica en pesca marítima y fluvial (el Sella se debate entre su condición de río y la de diosa nutricia) y con una fértil vega y una red de caminos más o menos sencillos de transitar tanto a lo largo de la costa como por las riberas del Sella han hecho del territorio ese carácter de centro estratégico que conservó a lo largo de toda su historia.
Probablemente fue empleada por Roma como puerto comercial y de conveniencia para la navegación de cabotaje, tanto comercial como militar, mientras que el propio Sella era el límite entre los conventus Asturum y Cluniensis. En época visigoda también tuvo su importancia, máxime porque el promontorio de la ermita de la Virgen de Guía protege la ensenada y el núcleo inicial de población de la vista de los navegantes del remoto norte que en rápidas incursiones buscaban esclavos y botín.
Pese a haber estado siempre poblada (Roma tuvo dos enclaves de importancia, Octaviolca y Noega Ucensis), fue en 1270 cuando Alfonso X el Sabio le concedió a la villa su Carta Puebla, reconociendo su importancia. Una relevancia que fue aún mayor desde el siglo XV, con la pesca de ballenas y su transformación, en plena playa de Santa Marina, en aceite, en carne, en grasas y hasta en finos útiles para el aderezo de las damas con las barbas de estos gigantes de los que todo se aprovechaba.
Da fe también de su papel clave en las comunicaciones el hecho de que en 1517, tras desembarcar en Villaviciosa, Carlos I se llegase con su séquito hasta Ribadesella en su ruta hacia Valladolid, pasase dos días allí, presenciando una exhibición militar, danzas y hasta un espectáculo taurino al uso de la época.
Pero con el tiempo, las rutas entre Asturias y la Meseta fueron virando hacia Pajares y su conexión con los crecientes puertos de Gijón y Avilés, en detrimento de Ribadesella y su salida a León por Ponga y Amieva. El Gremio de Mareantes, en1781, aún intentó que Carlos III hiciese del puerto riosellano el principal de Asturias, aportando ellos 10.000 reales, mientras que el Rey añadió otros 100.000. La invasión francesa hizo que las obras no se acabasen hasta 1854 y, para entonces, Gijón era ya indiscutible como puerto principal de la región y Pajares, la salida hacia la Meseta.
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