FLOR TUÑÓN ÁLVAREZ. PRESIDENTA DE LA ASOCIACIÓN DE MUJERES CAMPESINAS DE ASTURIAS
«El medio rural está experimentando una mejora sustancial. Es un espacio de oportunidades y futuro»
SORAYA PÉREZ
Flor Tuñón Álvarez (Morcín, 1958) es presidenta de la Asociación de Mujeres Campesinas de Asturias (AMCA) desde el 2011. En sus quince años al frente de la entidad, reflexiona sobre los principios básicos que rigen a la asociación, que tiene entre sus fines promover la igualdad social, cultural y profesional de las trabajadoras del campo en el medio rural. Asimismo, ensalza el papel dinamizador que ejercen las mujeres en los pueblos y los retos que enfrentan.
–¿Cuál es la situación de las mujeres que viven en el medio rural?
–Las mujeres rurales compartimos los mismos problemas estructurales que las mujeres urbanas; la desigualdad de fondo es la misma. Sin embargo, las particularidades del hábitat rural como la menor disponibilidad de empleo, la dispersión territorial o las limitaciones en servicios hacen que estos desafíos sean más complejos de afrontar. A pesar de ello, el medio rural está experimentando una mejora sustancial. Es, cada vez más, un espacio de oportunidades y de futuro. Somos conscientes de que aún es necesario transformar muchos de los condicionantes que históricamente han limitado nuestras trayectorias, pero también sabemos que estamos avanzando en esa dirección. Los datos lo confirman, cada vez somos más las mujeres que decidimos quedarnos en nuestros territorios e iniciar proyectos de vida en municipios pequeños. Con ello, no solo garantizamos nuestro propio presente y futuro, sino también el del territorio y, en última instancia, el del país.
–¿Cuáles son los principales desafíos a los que se enfrentan hoy las mujeres campesinas en Asturias?
–Desde AMCA consideramos imprescindible que la voz y la perspectiva de las mujeres rurales estén presentes en los espacios donde se toman decisiones. Solo así podrán impulsarse medidas que sitúen en el centro el desarrollo personal y profesional en el medio rural, especialmente ante los retos de la emergencia climática, el emprendimiento y el empleo, la salud comunitaria, la violencia machista, la innovación, la digitalización y la transición hacia modelos regenerativos en la agricultura, la ganadería y el turismo. Las mujeres rurales representamos algo más del 51 por ciento de la población en el medio rural. Por tanto, nuestra presencia en los órganos de decisión debe ser proporcional. Sin embargo, seguimos siendo invisibles en parte de las estadísticas y afrontamos mayores dificultades para formarnos, conciliar, acceder a financiación o alcanzar puestos de representación.
–En los últimos años se ha hablado mucho de despoblamiento rural.
–Cuando hablamos de despoblación tendemos a pensar que es un problema que afecta únicamente a quienes vivimos en pueblos y aldeas, pero no es así: se trata de un desafío que repercute en el conjunto del país. Desde la pandemia somos más conscientes de la necesidad de avanzar hacia un verdadero equilibrio demográfico. Los datos muestran que, desde 2018, más de 140.000 mujeres han regresado de forma sostenida a municipios de menos de 5.000 habitantes. En Asturias, este movimiento también es visible, y celebramos cada vez que una mujer asume el relevo generacional en una explotación, una empresa o un servicio local. Suelen ser mujeres con arraigo en nuestros pueblos, con formación media o superior y experiencia profesional en la ciudad, que deciden volver, pero también encontramos mujeres que llegan a Asturias tras conocerla como turistas y que desean emprender y establecer su proyecto vital y familiar en nuestros pueblos y villas. En los últimos tiempos, se habla menos de despoblación y más de un rural aparentemente saturado. Aquella expresión de la España vaciada siempre tuvo algo de etiqueta pasajera: si nosotras estábamos aquí, no podía decirse que estuviera vacía. Del mismo modo, ahora tampoco puede hablarse de masificación, sino de una mala gestión. Los problemas de vivienda, la saturación estacional de ciertos servicios y las limitaciones de algunas infraestructuras evidencian que las políticas actuales no están respondiendo como deberían ni hay planificación adecuada.
–¿Ha mejorado el reconocimiento del trabajo de las mujeres en las explotaciones agrarias?
–En los últimos años ha habido una evolución positiva pero tenemos muchas propuestas y retos que esperamos que pronto se vayan cumpliendo porque tenemos mucha prisa en que la igualdad llegue al rural. AMCA-Fademur ha trabajado en la mejora institucional, legal y política, de hecho se acaba de aprobar el Estatuto de las Mujeres Rurales Asturianas que impulsamos y que, precisamente busca reconocer las aportaciones de las mujeres, facilitar el acceso a la titularidad de explotaciones y empresas, fomentar la titularidad compartida y promover nuestra presencia en órganos de decisión y en las ayudas públicas.
–¿Qué papel desempeñan las mujeres en el relevo generacional del campo asturiano?
–Creo que desempeñan un papel fundamental, ya que cada vez son más las mujeres que, tras una trayectoria en entornos urbanos, regresan al medio rural. Su arraigo y la experiencia laboral adquirida fuera las impulsan a emprender o a asumir el relevo de explotaciones y empresas familiares, incorporando innovación, diversificación y una clara adaptación a los nuevos contextos. Su contribución resulta clave ya que favorecen la fijación de población, dinamizan y diversifican la economía local y lideran iniciativas empresariales que hacen viable quedarse o retornar al pueblo; pero, sobre todo, su principal aportación reside en el fortalecimiento de la cohesión comunitaria y territorial que habitan.
–¿Qué dificultades encuentran las jóvenes que quieren emprender o incorporarse a actividades agrícolas y ganaderas?
–Escollos hay muchos todavía. Somos una organización feminista y creemos que la solución a los problemas que tiene el medio rural pasa por poder solucionar las necesidades de las mujeres aplicando la agenda feminista. Seguimos teniendo problemas por acceder a la independencia económica, todavía es difícil emprender para nosotras, conseguir financiación, acceder a la titularidad compartida, tenemos explotaciones más pequeñas menos dimensionadas, con más dificultades para llegar a la formación, a la innovación, y a la digitalización.
–Desde la asociación, ¿qué iniciativas están impulsando para apoyar a las mujeres rurales y fortalecer su presencia en el sector?
–Precisamente buscamos impulsar la innovación y la profesionalización sin renunciar a las redes de cuidados y apoyo que sostienen la vida en el territorio y garantizan el funcionamiento de lo comunitario. Promovemos el relevo generacional a través de iniciativas vinculadas a la transformación de productos, la venta directa, el turismo rural, los servicios de proximidad y la digitalización. Entre nuestras líneas de actuación destaca Ruraltivity, una lanzadera de emprendimiento rural abierta durante todo el año, que ya ha acompañado a más de 500 emprendedoras en toda España.
–¿Considera que las administraciones están respondiendo adecuadamente a las necesidades de las mujeres del medio rural?
–La aprobación del Estatuto constituye una respuesta histórica para las mujeres rurales, al erigirse como el instrumento de reconocimiento más avanzado en España. No obstante, su desarrollo efectivo exige un horizonte de al menos tres años de adaptación, durante los cuales será necesario ajustarlo y perfeccionarlo para que responda de manera plena, inclusiva y diversa a la realidad de todas las mujeres del medio rural y del mar.
–¿Qué servicios considera prioritarios para mejorar la calidad de vida en los pueblos asturianos?
–Para mejorar la calidad de vida en los pueblos asturianos, considero prioritarios el acceso al transporte y la garantía de servicios básicos como la sanidad y la educación, porque son condiciones esenciales para la cohesión territorial y la igualdad de oportunidades. También son clave la coeducación, una movilidad más flexible y adaptada al medio rural, el acceso a vivienda digna, y unos servicios de cuidados suficientes.
–¿La digitalización está suponiendo una oportunidad para las mujeres rurales?
–La digitalización puede representar una oportunidad para avanzar hacia la autonomía económica, pero su impacto sigue siendo desigual debido a inercias persistentes que no eliminan de forma inmediata las desigualdades estructurales del medio rural. Estas brechas continúan condicionando el acceso real a las oportunidades, especialmente para las mujeres.
–¿Qué mensaje le gustaría trasladar a las nuevas generaciones sobre el futuro del campo y el papel de las mujeres sobre él?
–Que no se dejen arrastrar por la desinformación que prolifera en estos tiempos. Es fundamental apostar por el conocimiento riguroso y analizar la realidad sobre el terreno, contrastar cada dato, formarse adecuadamente, así como aprovechar las ayudas disponibles para emprender. Asimismo, es clave impulsar el relevo generacional, presente en todos los sectores: ganadería, pesca, repostería y panadería, fontanería, transformación agroalimentaria, ingenierías, electricidad, digitalización, energías renovables o transporte. El medio rural necesita profesionales y servicios, pero también capacidad de innovación para adaptarse a nuevas necesidades y a formas distintas de vivir y relacionarse en la comunidad.
SU LUGAR ESPECIAL
Morcín
La presidenta de la Asociación de Mujeres Campesinas de Asturias (AMCA), Flor Tuñón, reconoce que su lugar preferido de la región es Morcín. En este municipio nació y es el lugar que guarda los recuerdos más especiales de su vida. Morcín es la clara representación de lo que significa vivir en el medio rural. Está dividido en siete parroquias y formando por un total de 65 núcleos de población, de los cuales 53 tienen una población inferior a los 100 habitantes, y los doce restantes cuentan con una población de entre 100 y 1000 habitantes, reflejando muy bien lo que significa la despoblación.