Patrimomio. Palacios, molinos, teitos y antiguas casas rectorales recuperan su utilidad para atraer visitantes y generar actividad en los pueblos

SORAYA PÉREZ

Un palacio que se transforma en centro gastronómico, un molino que vuelve a moler o construcciones tradicionales que encuentran nuevos usos ligados al turismo. En el medio rural asturiano, recuperar el pasado se está convirtiendo también en una forma de mirar hacia el futuro. Edificios y elementos que forman parte de la historia de los pueblos encuentran una segunda oportunidad y, con ella, una nueva capacidad para atraer visitantes.

El turismo rural asturiano cerró 2025 con un récord de 304.979 visitantes, según los datos del Principado. Además, el 55,5% de la demanda se concentró fuera de los meses de verano, una evolución que permite extender la actividad a lo largo del año. En ese escenario, la recuperación del patrimonio se ha convertido en una pieza más de la estrategia para mantener vivos los pueblos.

El Palacio de Mon

Uno de los ejemplos más recientes se encuentra en San Martín de Oscos. El histórico Palacio de Mon, declarado Bien de Interés Cultural, ha iniciado una nueva etapa tras una rehabilitación en la que el Principado ha invertido 1,4 millones de euros procedentes de fondos europeos Next Generation.

El edificio alberga desde este verano el Centro Gastronómico y Cultural Palacio de Mon, concebido como un espacio desde el que impulsar la gastronomía rural, los productos del territorio, la cultura y los oficios tradicionales. La actuación permite recuperar un inmueble histórico y, al mismo tiempo, convertirlo en un nuevo recurso para atraer actividad hacia Los Oscos y el occidente asturiano.

Teitos en Somiedo

La filosofía se repite, aunque de forma diferente, en Somiedo. Allí son los teitos, las brañas y otras construcciones tradicionales los que forman parte de un modelo que combina conservación y turismo. En 2025, el Principado destinó 150.000 euros a la restauración de un teito público en la braña de La Pornacal. Una actuación que permitirá experimentar a sus visitantes cómo vivían los brañeiros.

Pero más allá de esto, las actuaciones previstas en Somiedo movilizan cerca de dos millones de euros para mejorar sus recursos turísticos. La recuperación del patrimonio tradicional se complementa con rutas, miradores y otras infraestructuras destinadas a mejorar la experiencia de quienes visitan el parque natural. El paisaje y las construcciones que durante generaciones estuvieron ligadas a la actividad ganadera se convierten así también en una herramienta para sostener su economía.

El molino de Retuerta

Pero recuperar patrimonio no significa necesariamente cambiar su función. En Agones, en Pravia, ocurrió precisamente lo contrario. El molino de Retuerta fue restaurado en 2022 y volvió a desarrollar la actividad para la que había sido construido: moler.

Son ejemplos recientes de una idea que Asturias comenzó a explorar hace ya cuatro décadas. Taramundi fue uno de los territorios pioneros en demostrar que recuperar patrimonio podía convertirse en una oportunidad para el medio rural. En 1986, la rehabilitación de la antigua casa rectoral para convertirla en alojamiento marcó el inicio de una experiencia que terminaría convirtiendo al concejo en referencia del turismo rural.

Cuarenta años después, aquella apuesta continúa. El Principado ha anunciado más de 1,5 millones de euros para renovar La Rectoral y reforzar un modelo que ha unido alojamiento, artesanía, paisaje, molinos y patrimonio etnográfico.

El turismo es precisamente uno de los sectores con mayor capacidad para trasladar esa recuperación patrimonial a la economía de los pueblos. El conjunto del sector turístico asturiano supera actualmente los 47.000 empleos y las 5.000 empresas, según los datos manejados por el Gobierno regional. No todos corresponden al medio rural, pero el crecimiento de este segmento muestra el potencial de los territorios alejados de las principales ciudades.

La propia normativa asturiana contempla el fomento de nuevos usos para edificios tradicionales en desuso o abandonados, especialmente cuando permiten impulsar un turismo sostenible, conservar el patrimonio y favorecer la fijación de población.

El Palacio de Mon, los teitos de Somiedo, el molino de Agones o La Rectoral de Taramundi responden a modelos diferentes, pero comparten una misma idea: aquello que durante años sostuvo la vida de los pueblos puede volver a hacerlo.

El molino de Retuerta, en la localidad praviana de Agones, tras su restauración. Alejandro Jambrina

El molino de Retuerta, en la localidad praviana de Agones, tras su restauración. Alejandro Jambrina

Taramundi, cuarenta años de motor rural

La recuperación de una antigua rectoral en 1986 ayudó a abrir en Asturias un camino que hoy relaciona patrimonio y turismo

Mucho antes de que reutilizar edificios tradicionales se convirtiera en una estrategia para dinamizar el medio rural, Taramundi comenzó a experimentar con esa fórmula. Fue en 1986, hace ahora 40 años, cuando la recuperación de la antigua casa rectoral y su transformación en alojamiento abrió una nueva etapa para el concejo y para el turismo rural asturiano.

La Rectoral se convirtió en una de las experiencias pioneras de un modelo que buscaba atraer visitantes aprovechando precisamente aquello que diferenciaba al territorio: su arquitectura, paisaje, artesanía y formas tradicionales de vida. Con el paso de los años, alrededor de aquella primera apuesta se consolidó una oferta en la que los molinos, la artesanía y el patrimonio etnográfico adquirieron también protagonismo.

Cuatro décadas después, el modelo continúa renovándose. El Gobierno del Principado ha anunciado una inversión de más de 1,5 millones de euros para modernizar La Rectoral, coincidiendo con el aniversario de la puesta en marcha del turismo rural en el concejo.

El pincipal objetivo es modernizar las infraestructuras del complejo para afrontar el futuro con máximas garantías tras cuatro décadas en funcionamiento.

Taramundi representa así uno de los ejemplos más veteranos de cómo una construcción recuperada puede tener efectos que van mucho más allá del propio edificio. La antigua rectoral dejó de ser únicamente una pieza del patrimonio para convertirse en parte de una actividad económica que terminó ayudando a revitalizar el medio rural.