Fotos: Dos geólogos, en el interior de Mina Delfina. / L. M. R. Terente
Picos y picos. A Cabrales se va a ver o subir las moles de caliza, a disfrutar con un queso que viene de los montes y madura en las cuevas… y pronto se podrá ver las minas de las que los picos sacaban cobre y plata
OCTAVIO VILLA
Casi imposible hallar a un asturiano que no se haya quedado absorto, impactado y con un puntín de orgullo patrio ante la icónica mole caliza del Urriellu o Naranjo de Bulnes. A un asturiano que no haya probado, con mayor o menor disfrute, el quesu cabrales, de magnífico pero también difícil paladar. O a un asturiano que no se haya reído con las curiosas travesuras de las cabras y ovejas en los montes de este concejo.
Ya son menos los que han tenido la oportunidad de conocer los variados usos de las cavidades del karst. Bajo la superficie, las cuevas de Cabrales albergan desde lugares en los que el penicilium obra su magia en el quesu hasta otros –no visitables sin un permiso– con notable arte rupestre. En la prehistoria comenzó también el uso de varias cavidades cabraliegas como minas, pues es Cabrales un concejo cargado de minas e indicios minerales de sustancias muy variadas. Los antiguos cabraliegos de hace 4.500 años, caminando sobre las dolomitizaciones superficiales de la zona de lo que hoy se conoce como Mina Conchita y la cercana Mina Delfina, verían afloramientos de mineralizaciones de cobre, muy llamativas por su color. El cobre, y también la plata como subproducto de la explotación minera, dieron actividad a las minas cabraliegas.
Y el Ayuntamiento tiene en marcha el proyecto de recuperarlas y adaptarlas para la visita, porque minas como Delfina, en particular, no sólo deparan un interés antropológico e histórico, sino un auténtico espectáculo de enormes cavidades, formas y huecos impensables y un tesoro de mineralizaciones de espectaculares colores, desde el sorprendente azul de la azurita o el verde azulado intenso de la tirolita, el verde manzana de la conicalcita o los hermosos anaranjados de la dolomita.
Lo que proyecta Cabrales es una ruta por dentro y por fuera de las minas, recorriendo tanto el espacio como el tiempo, y permitiendo al viajero sentirse, por momentos, como el famoso gigante de Asiegu, que desde su atalaya vigilaba las rutas bajas y que hoy, cómo no, da nombre a un delicioso quesu. Porque no todo en Cabrales ye cabrales. Indaguen…
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