CUCO NIETO. DIRECTOR COMERCIAL DE CAMPOASTUR
«Campoastur es una herramienta fundamental porque desarrolla programas de formación para jóvenes ganaderos»

SORAYA PÉREZ

Cuco Nieto (Valladolid, 1966) es una de las voces más reconocidas del sector agroalimentario asturiano. Como director comercial de Campoastur, una de las principales cooperativas agrarias de Asturias, trabaja en la comercialización y valorización de las producciones de los socios, especialmente en ámbitos como la ganadería, la leche, la faba y otros productos de calidad diferenciada. En 2025 fue elegido por unanimidad presidente de la Comisión Gestora del Consejo Regulador de la IGP Faba Asturiana, órgano encargado de garantizar la continuidad institucional, la certificación de calidad y la promoción de una de las producciones más emblemáticas del campo asturiano.

Vinculado desde hace años al cooperativismo agrario, en entrevista con EL COMERCIO, Nieto defiende la profesionalización del sector, el relevo generacional y la rentabilidad de las explotaciones.

–Desde su experiencia al frente de la IGP Faba Asturiana y en Campoastur, ¿cuál considera que es hoy el principal desafío del medio rural asturiano?
–Creo que el principal desafío es el cambio de modelo. Venimos de explotaciones agrícolas y ganaderas familiares y caminamos hacia estructuras más profesionalizadas y de mayor dimensión, con empleados, más superficie y más mecanización. El medio rural lleva décadas en un proceso de reconversión para ganar tamaño y competitividad.

–La despoblación sigue siendo una de las grandes preocupaciones del campo. ¿Qué medidas cree que deberían impulsarse para que los jóvenes vean en el sector agrario una oportunidad de futuro?
–Lo primero es aprovechar mejor el terreno agrario disponible. En Asturias tenemos suelo agrícola de muy buena calidad con rendimientos bajos o incluso abandonados. Si aumentamos su aprovechamiento, generaremos más actividad económica, explotaciones de mayor tamaño y más oportunidades de empleo para gente joven.

–El envejecimiento de la población rural afecta a muchas explotaciones. ¿Está garantizado el relevo generacional en el campo asturiano o existe un riesgo real de pérdida de actividad en determinadas zonas?
–Dentro de las propias familias, el relevo generacional es escaso. Sin embargo, también hay que valorar la llegada de nuevos productores y de personas que apuestan por vivir y trabajar en el medio rural. Existen iniciativas interesantes y soy relativamente optimista porque veo brotes verdes y nuevas formas de entender el campo.

–¿Qué papel pueden desempeñar las cooperativas agrarias como Campoastur en la lucha contra la despoblación y en la dinamización económica de los pueblos?
–Campoastur es una herramienta fundamental para el medio rural asturiano. Suministramos insumos básicos a explotaciones ganaderas y agrícolas, abastecemos de leche a queserías, somos el principal operador de leche ecológica para transformación, comercializamos manzana de sidra y desarrollamos programas de formación y acompañamiento para jóvenes ganaderos. Además, contamos con un importante equipo técnico que asesora diariamente a agricultores y ganaderos para que el trabajo se les haga más sencillo. Estamos involucrados en numerosos proyectos. Pusimos en marcha un llagar en Tiñana para la producción y comercialización de sidra. Participamos en el proyecto europeo Guardians junto a CTIC, trabajamos en la producción de nuevas semillas de faba más resistentes a enfermedades, desarrollamos proyectos de detección de plagas mediante drones y seguimos ampliando nuestra red comercial y de servicios. Actualmente trabajan en Campoastur unas 250 personas.

–La faba asturiana es uno de los productos más emblemáticos de la región. ¿Cómo ha evolucionado su producción en los últimos años y cuáles son las principales dificultades que afrontan los productores?
–Venimos de dos campañas muy complicadas, las de 2023 y 2024, con producciones muy bajas. La campaña de 2025 ha sido más normal, aunque sin grandes volúmenes. La escasez de producto llegó a ser tan importante que el verano pasado prácticamente no había faba asturiana disponible en el mercado. Uno de los principales problemas es el pequeño tamaño de las explotaciones. La producción de faba suele ser una actividad complementaria y hay pocos productores que vivan exclusivamente de ella. Además, es un cultivo tradicional muy expuesto a los riesgos climáticos y con una única cosecha al año, lo que aumenta la incertidumbre.

–¿Hasta qué punto influyen factores como el cambio climático, las nuevas plagas o la volatilidad de los costes de producción en el cultivo de la faba?
–La climatología es cada vez más variable. Hemos sufrido excesos de lluvia, periodos de sequía y problemas de humedad durante la recolección, favoreciendo la aparición de hongos y enfermedades. La faba es especialmente sensible a estas afecciones, que pueden dañar tanto el grano como la planta.

–La IGP Faba Asturiana trabaja para garantizar calidad y origen. ¿Qué ventajas aporta esta certificación a los agricultores y qué retos tiene por delante la marca?
–La IGP protege el trabajo de los productores asturianos y garantiza al consumidor un producto de gran calidad. La faba asturiana destaca por su finura, su escasa piel y su textura mantecosa. Además, la certificación evita que productos de otras procedencias, con costes de producción más bajos, se comercialicen aprovechando el prestigio de la faba asturiana. Además de seguir protegiendo y promocionando el producto, creo que hay un debate importante que habrá que abordar en el futuro: la certificación de la faba verde. Es un producto cada vez más demandado por la hostelería y, aunque requerirá modificar el pliego y completar una larga tramitación europea, considero que es una cuestión que el Consejo Regulador tendrá que analizar en los próximos años.

–¿Existe suficiente superficie cultivada para atender la demanda actual de faba asturiana o todavía hay margen para incorporar nuevos productores al sector?
–La superficie cultivada es insuficiente. Si solo existiera la faba producida en Asturias, tendría un precio prohibitivo. Necesitamos más superficie, más hectáreas y, por tanto, más productores. Ahora bien, para vivir de la faba hay que tener una superficie determinada, hacer bien las cuentas y contar con un plan de negocio razonable. No puede ser que un agricultor se juegue el 100% de sus ingresos a una única cosecha al año. Es necesario diversificar y reducir riesgos, porque existen riesgos climatológicos y productivos importantes.

–Campoastur ha desarrollado diferentes iniciativas de apoyo al sector primario. ¿Cuáles destacaría como más relevantes para fortalecer la rentabilidad de las explotaciones y fijar población en el territorio?
–Destacaría los servicios técnicos de apoyo al sector. Campoastur asesora diariamente sobre nutrición animal, realiza analíticas de raciones, adapta las raciones a los forrajes de cada explotación, hace análisis de suelo y recomendaciones de abonado. Es un trabajo que muchas veces no se ve, pero que tiene un impacto directo en el bolsillo del productor.

–La digitalización está llegando también al campo. ¿Qué oportunidades ofrecen las nuevas tecnologías para mejorar la gestión de las explotaciones?
–El sector agrario está muy tecnificado, modernizado y robotizado. La ganadería de leche, por ejemplo, es probablemente uno de los sectores más robotizados de la economía española. Sin embargo, el nivel de digitalización que requieren hoy las explotaciones no siempre se corresponde con la formación digital de los productores. Ser agricultor o ganadero hoy exige dominar muchas materias, incluida la digitalización. La burocracia, la maquinaria, los sistemas de riego o de ventilación ya funcionan en gran medida a través de herramientas digitales. Por eso, la formación digital es un aspecto a mejorar.

–En un contexto de creciente competencia internacional, ¿cómo puede diferenciarse la producción agroalimentaria asturiana?
–La producción asturiana debe diferenciarse por la calidad, por el producto de proximidad, el kilómetro cero y la producción ecológica. La producción ecológica está creciendo, está impulsada por la Unión Europea y es un concepto que entiende cualquier consumidor europeo. Creo que es una gran oportunidad para Asturias.

–Si tuviera que trasladar un mensaje a los jóvenes que están valorando quedarse o regresar al medio rural, ¿cuál sería?
–Les diría que en el medio rural se vive muy bien. Es una vida en contacto con la naturaleza, coherente y equilibrada. Además, muchos productores son autónomos, toman sus propias decisiones y son dueños de su propia empresa.

SU LUGAR ESPECIAL

El suroccidente, un territorio de vida «genuina y auténtica»
El director comercial de Campoastur, Cuco Nieto, ha vivido entre Galicia y Asturias gran parte de su vida, aunque nació en Valladolid. De la comunidad vecina ensalza muchas cosas, pero, sobre todo, la calidad de vida que ofrece el medio rural. Desde hace años tiene claro que desea la «tranquilidad» y la vida «equilibrada» de los pueblos. Asegura que, de todos los rincones «maravillosos» que tiene la comunidad, prefiere el suroccidente. «Es una zona bastante desconocida y todavía permite vivir experiencias genuinas, tradicionales y auténticas, difíciles de encontrar en otros lugares», subraya. Concejos «como Ibias, Degaña, Illano, Pesoz, Boal o Grandas de Salime» tienen una naturaleza impresionante, «paz y una gastronomía extraordinaria». Reitera que este territorio «es fantástico, con mucho potencial, que todavía está por descubrir y que hay que impulsar».