Foto: Vecinos de Asiegu y el coro Voces Mansoleas, de Pimiango, ante la centenaria escuela y la iglesia de San Miguel, la ‘Capilla Sixtina de Picos’. / O. Villa

OCTAVIO VILLA

Asiegu (Cabrales). Y llegó el día. La escuela de Asiegu, hoy un edificio de múltiples usos culturales en el que día a día se sigue aprendiendo, cumplió un siglo desde que el empuje del ‘tío’ Aquilino Fernández Berridi como maestro e impulsor de su construcción, la ayuda de todo el pueblo en su ejecución –hasta los nenos traían agua en garrafas de cinco litros para la mezcla de cemento, recordaba ayer Javier Niembro, presidente de la Asociación Cultural Asiegu XXI– y la aportación económica del indiano Manuel Rojo y su esposa, Aquilina (el solar de la escuela, el del cementerio, y 25.000 pesetas de las de hace un siglo) lo hicieron posible.

Ayer, Asiegu en pleno fue una fiesta, de la que también participó el coro Voces Mansoleas, de Pimiango (Ribadedeva). Comenzó con una misa cantada oficiada por el párroco, Don Pedro, que se integró en el festejo y equiparó a los maestros con los ‘pastores de hombres’ del Evangelio. Siguió con la muy significativa inauguración de la rampa que permitirá el acceso a la que hoy por hoy es la casa de cultura de Asiegu a personas como María Elena Bores Puerta, una vecina de 60 años que se mueve en un scooter adaptado y para la que «dos centímetros marcan una gran diferencia». Elena y su madre, Elena Puertas Viejo, de 88 años, eran el máximo exponente de la felicidad generalizada de los vecinos de Asiegu, orgullosos de lo que ha sido un logro común, de esos que demuestran, como dijo el alcalde, José Sánchez, que «si plantas una escuela, crecerá un pueblo».

Un pueblo solidario, en el que la educación viene de muy antiguo. Lo relató Javi Niembro, que habló de la escuelina del siglo XIX cuyas ruinas –de magníficos sillares en las jambas– aún se yerguen tras la iglesia de San Miguel, de la escuela del tío Aquilino y de la de La Carrada, levantada en 1957. Y de que «hubo una primera escuela creada en 1776 –el año de la independencia de Estados Unidos– por el sacerdote Pedro Manuel Viejo, y una teja de 1797 hallada en la tejera certifica que alguien de allí se educó en esa escuela, por lo que podemos celebrar 249 años de institución y actividad académica en el pueblo».